Una rueda posfalacia oficial, sobre el nivel de aceptación del canje -sin que nadie se ponga colorado- y donde se disminuyó en el ritmo de operaciones, pero con un alto grado de movilidad en los puntos extremos que alcanzó el Merval. Jornada netamente depurativa, barriendo al mercado de una excesiva «gordura» y propendiendo a tratar de reacomodar a las ventas, en función de una demanda que se vio seriamente adelgazada.
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Esto, probablemente, es lo que evitó malos mayores en la erosión del índice, al actuar dentro de un canal que se fue estrechando de vendedores y permitiendo salir de los puntos de mínima. En su peor pasaje, el Merval hizo piso en 1.475 puntos, con un máximo que quiso reiterar el ataque a la zona superior y haciendo cumbre en 1.495 puntos. El cierre se instaló en 1.487 y con una diferencia mínima, sobre el día anterior, de apenas 0,18%.
El total negociado resultó clave para las dos fuerzas, primero recibiendo la merma fuerte de compradores y, después, con una oferta mesurada y que no inyectó en demasía sus órdenes para no perjudicar precios. Se mataron los extremos, se llegó a un cierre que falsamente da idea de una estabilidad que el día no tuvo, y se enmarcó todo en un total de $ 75 millones de efectivo, casi la mitad que en los días más activos.
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