Cuando se desata una crisis de confianza como la actual, refugios habituales son el oro, la plata. Aunque los fondos expuestos, inicialmente, deberán liquidar también sus reservas defensivas, léanse metales o acciones farmacéuticas. Si hay crac, cae todo. Aunque el terror en el siglo XXI debería ser controlable, ya que los bancos centrales parecen dispuestos a solventar cualquier reclamo de liquidez. Comienza el desafío de saber si quienes controlan las finanzas del mundo realmente conocen la envergadura del problema.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario