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6 de julio 2026 - 00:00

Kevin Warsh juega a las escondidas con la suba de tasas

Todos quieren conocer qué piensa el nuevo mandamás de la Fed, que ya pasó su primera prueba de fuego. Sin embargo, aseguran que no anticipará los próximos pasos de la política monetaria.

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Kevin Warsh no anticipará los próximos pasos de la política monetaria de la Fed.

Foto: White House

El cambio de guardia en la Fed pasó su primera prueba de fuego. Nadie pregunta qué es de la vida de Jerome Powell, aunque no se jubiló y permanece activo en la Junta de Gobernadores. Todos quieren conocer qué piensa el nuevo mandamás, Kevin Warsh.

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En principio, saben que ya canceló la herramienta de la forward guidance: la Fed no anticipará los próximos pasos de la política monetaria. Y, dada la súbita escasez de información, su palabra se valoriza todavía más. Lo poco que ha dicho es trivial. La inflación es muy elevada. Y el banco central se ocupará de recuperar la estabilidad de precios. Es decir, la recortará a la mitad para devolverla al corral de 2% (de donde se fugó en 2021 y nunca más volvió).

¿Cómo lo hará? ¿Cuándo? ¿Qué instrumentos va a usar? Warsh no responde. Ya se dijo: la Fed no hará pública su prospectiva. ¿Y cuál es la función de reacción del banco central? ¿Cambió – existe una nueva regla, acaso -o se mantiene la discrecionalidad? Tampoco contesta. La comunicación impone el silencio sobre la ingeniería de detalle de la política monetaria, no sólo sobre sus próximos pasos.

No obstante, todavía sobreviven vestigios de la vieja receta de los Bernanke, Yellen y Powell. Por caso, el controversial “mapa de puntos”. Y aunque Warsh descree de su utilidad y se abstuvo de alimentarlo con su punto de vista personal, no lo canceló. Más bien, instó a sus colegas a completarlo. En ese documento, los18 altos funcionarios que tienen voz, salvo el chairman - aportaron sus previsiones de crecimiento, desempleo e inflación amén de sus recomendaciones de tasas de interés para el período 2026-2028. De allí surge que existe consenso para subir las tasas de interés un cuarto de punto a más tardar en diciembre.

Warsh, el nuevo halcón

En la rápida lectura de los mercados, Warsh ya es un halcón (lo fue cuando era gobernador en tiempos de Bernanke). Como machacó en la conferencia de prensa: la inflación es muy alta y se la debe aplanar. Que Trump lo haya designado no significa que se mimetice o abogue por bajar las tasas de interés a contramano. Así como otro de sus elegidos - Powell – desplegó un criterio independiente una vez en funciones. Wall Street confía en la Fed. Los mercados de bonos no protagonizaron ningún berrinche en la transición del mando. Y los futuros descuentan una suba de tasas (con una probabilidad de 70%) antes inclusive de la elección de medio término en noviembre.

Sin embargo, esta no es la única lectura posible del mapa de puntos “truncado”. Donald Trump y su gente hicieron pública la suya, muy diferente. "(Warsh) tiene una junta directiva que quizá sea un poco hostil y, lamentablemente, puede que sea una junta que quiera hacer lo incorrecto. Es una gran persona y un gran profesional, y sé dónde le gustaría estar, pero tiene que hacer lo que tiene que hacer", dijo el presidente el viernes.

¿Cómo que el mapa de puntos no es de utilidad? Le sirvió a Warsh para mostrarle a Trump cuáles son las opiniones en el seno del banco central. La mitad (sin contar el chairman) quiere subir las tasas. La otra mitad no tiene problemas en dejarlas donde están. De las 18 voces, solo once votarán en la reunión de fin de mes, junto con Warsh. Qué postura sostienen los que deciden, el público no lo sabe. “Se dónde le gustaría estar (a Warsh)”, dijo Trump. ¿Dónde? Porque en público, Warsh no se pronuncia. Ell locuaz Kevin Hassett, quien era el preferido de la Casa Blanca para la función, nos lo informa: “Warsh no quiere endurecer la política monetaria, pero se enfrenta a un comité indisciplinado que podría discrepar”. En efecto, las decisiones se toman en forma colegiada. La tradición de la Fed, empero, es que el criterio del jefe predomina. Pero es un uso que se funda en un liderazgo que primero construye consenso y, sobre todo, que evita las arbitrariedades. Para prevalecer hay que convencer. Warsh lo sabe y, por lo visto, a Trump ya se lo explicaron.

¿Qué hará la Fed de Warsh en su segunda reunión? Las tres últimas que presidió Powell mantuvo las tasas sin cambios. La primera de Warsh, también. Y con el voto unánime de los 12 miembros del comité. En el interín, se desplegó la guerra en Irán y un shock adverso de oferta. Pero ahora avanza el proceso de paz y su reversión.

Desde el último cónclave, la economía bajó un cambio. El pronóstico en tiempo real de la Fed de Atlanta que en mayo preveía un crecimiento del PBI superior a 4%, lo redujo a 3,1% a fines de junio y, la semana pasada, a 1,2%. ¿Hay motivos para alarmarse? No, las ventas finales al sector privado interno se mantienen en 3,1%. Pero conviene anotar la merma del gasto de consumo – con una incidencia de medio punto – que le pone paños fríos a la idea de un eventual recalentamiento. El informe de empleo de junio, conocido el viernes, transmitió la misma señal. No se ven rastros de la anemia laboral del año pasado, pero tampoco un rebote desaforado como se insinuó un mes atrás. EEUU creó 57 mil puestos netos de trabajo, la mitad de lo que se esperaba. Y hubo que restar 74 mil de las cifras de abril y mayo. Nada que requiera cambiar el dial de la política monetaria.

Está claro: hoy, la inflación es la prioridad. Warsh habla poco, pero deslizó dos verdades simples en la cumbre del BCE en Sintra. “Las expectativas de inflación (desde la última reunión) han disminuido; y los riesgos inflacionarios, también”. Se refiere a la caída vertical de las expectativas de inflación implícitas en los mercados de bonos. Y al derrumbe de los precios de la energía y alimentos que se profundizó después del acuerdo de Trump con Irán.

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Warsh endureció el discurso de la Fed tras su asunción. Y las condiciones financieras son hoy más restrictivas, lo que se suma a la descompresión del frente inflacionario (y a la moderación de la actividad económica). ¿Alcanza para preservar la postura de “esperar y ver” que favoreció la Fed todo el año? La inflación de junio es el último dato relevante que falta conocer para justificar la decisión. Pero si Warsh quiere prolongar la espera, como anticipó Hasett, no parece haber razones que lo desaconsejen. Por supuesto, la Fed debe regresar la inflación a 2%. Es el mandato a cumplir. Pero, ¿cuáles son los tiempos? El mapa de puntos consigna que no lo prevé antes de fin de 2028. Y desde que se publicó, los indicadores de actividad, empleo e inflación se refrenaron sensiblemente.

En ese marco, hasta nuevo aviso, Warsh podrá seguir jugando a las escondidas con la suba de tasas. Su estrategia de ambigüedad deliberada - pocas palabras y silencios estratégicamente elegidos - le facilitará llevarse bien con dios y con el diablo gracias a que la coyuntura se calmó. Hace lo correcto (en el fondo, lo mismo que hacía Powell) con el beneplácito de los mercados, los bond vigilantes y la Casa Blanca. Y todavía sin traicionar a nadie.

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