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9 de septiembre 2003 - 00:00

Kirchner descubrió que el problema grave es la deuda

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¿En qué consiste la posición del gobierno en este punto? Kirchner, inspirado en Roberto Lavagna, aspira a que el texto del acuerdo no se refiera con demasiada precisión la pauta fiscal de 2005, lo que en la vieja fórmula de Anne Krueger sería un plan «no sustentable». Es precisamente en 2005 cuando aparecerá el principal desafío fiscal para el gobierno, sobre todo si no tiene fuentes alternativas de financiación más allá de la recaudación impositiva.

El superávit fiscal de 3% (en rigor, 2,4% para la Nación y 0,6% para las provincias), que se pactará con el Fondo para 2004, es consistente con los vencimientos que tiene el país en ese lapso: Hacienda debe cubrir una deuda equivalente a 2,7% del PBI.

Alemanes e italianos observan que, si se computa una quita de 70% sobre los papeles en manos de los acreedores (o si se descarta la quita pero se calcula un interés de 2%), la Argentina debería pagar aproximadamente u$s 1.650 millones adicionales por intereses de su deuda con privados. Pero se inquietan cuando advierten que en 2005 deben agregarse los vencimientos de BODEN y préstamos garantizados, lo que llevaría la exigencia fiscal a un superávit de 6%. Aquí es donde aparece la pregunta dramática que hacen los acreedores privados, sobre todo los europeos. ¿Cumplirá el gobierno con los tenedores de BODEN y préstamos garantizados o también reestructurará esa deuda cuando llegue el momento de pagarla? El gobierno no quiere contestar esta pregunta, sencillamente porque desconoce la respuesta. Y la desconoce porque dejó pasar lamentablemente más de un año sin negociar con los acreedores, mientras todo el mundo asistía a la revaluación de los títulos argentinos. Es en esta instancia que debe buscarse la explicación al enojo de Néstor Kirchner con Guillermo Nielsen.

El problema es bastante evidente. El Fondo y el Tesoro miran la misma caja (el superávit fiscal) pero hay un tercer aspirante a participar en el reparto (los acreedores privados) que hoy no está sentado a la mesa pero se hace sentir a través de los gobiernos de cada país afectado.





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