11 de julio 2003 - 00:00

Kirchner se confunde al atacar a empresas

Se sabe que Néstor Kirchner no deja pasar oportunidad para tratar con palabras desafiantes que cuenta con un poder sólido. Sin embargo, llamó la atención que desperdiciara el lunes buena parte de su discurso de lanzamiento del programa El Hambre Más Urgente para volcar una serie de diatribas sobre los empresarios.

No reparó en que esa causa debería ser una verdadera cruzada nacional en la Argentina sin exclusiones. Obliga a sumar voluntades en lugar de dividirlas. Así, destinó sus primeros párrafos a lanzar ataques.

«Si ustedes miran y analizan muchas opiniones de algunos empresarios, de algunos sectores del establishment y de algunos sectores de las empresas privatizadas, cuando dicen que muchas veces en la Argentina falta determinar cuáles van a ser con claridad las políticas económicas que vamos a implementar, vienen muy mal acostumbrados. Están acostumbrados a implementar las políticas económicas que ellos necesitan y quieren, pequeños grupos y sectores de poder en el país que durante años estuvieron trabajando sobre las espaldas de todos los argentinos», disparó.

• Autosuficiencia

«No escuché hablar a estos sectores de El Hambre Más Urgente, no los escuché hablar de la tremenda pobreza que tienen muchos argentinos, no los escuché hablar de la falta de trabajo, no los escuché hablar de muchas cosas que pasan en el interior de la Argentina. Por eso, que se queden tranquillos, nosotros sabemos hacia dónde tenemos que orientar económica y productivamente al país, vamos a seguir paso a paso con absoluta y total independencia, porque vuelvo a repetir lo del primer día: no vine ni vinimos a dejar nuestras convicciones en la puerta de entrada de la Casa Rosada», agregó. Suena a rencor contra los empresarios. Demasiado autosuficiencia sin antecedentes conocidos.

• Indefiniciones

Por más que Kirchner se irrite, sí faltan definiciones en la Argentina. ¿A qué tienen que atenerse los hombres de negocios si no se sabe qué destino tendrán las gestiones con el Fondo Monetario Internacional, si la prensa ahora demasiado adicta al gobierno insistió en que su titular, Horst Köhler, se fue encantado del país y luego el propio gobierno denuncia un complot desde las propias entrañas de esa entidad? ¿Cómo pueden planificar el futuro y decidir inversiones ya perentorias las empresas privatizadas si el gobierno habla de una larguísima renegociación de contratos y tarifas a 18 meses de plazo? ¿Cómo puede volver el crédito al país si siguen sin definirse las compensaciones a los bancos por la pesificación asimétrica, bancos que hoy deben llegar al extremo de virtualmente rechazar depósitos por grandes montos (les pagan tasa cero) por no tener a quién prestar luego el dinero y no generarse así más pérdidas? ¿Cómo no van a faltar definiciones si el gobierno lanza una loable campaña contra la evasión para acabar con la injusticia de que algunos paguen sus impuestos y muchos otros no lo hagan si no se dice una palabra sobre gravámenes distorsivos como las retenciones, el impuesto al cheque (hoy más caro que la tasa de un plazo fijo), cobrar impuestos por adelantado y sacarles capital a las empresas al no permitirles actualizar sus balances y surgir falsas «ganancias» por la inflación?

Por otra parte, sorprende que se confunda desde el poder el hecho de que las empresas busquen ganar dinero con que eso recaiga «sobre las espaldas de los argentinos». Lo que recayó sobre la población fueron actitudes irresponsables desde el Estado, una devaluación exagerada, la pesificación asimétrica de deudas y depósitos, el déficit presupuestario, un impuestazo gigantesco al no permitir el ajuste por inflación en los balances, entre otras calamidades.

• Contraste

Cada día el «estilo Kirchner» contrasta más con el del brasileño Luiz Inácio Lula Da Silva, un socialista moderado empeñado en el crecimiento de su país. Está enfrentado a huelgas y contrariedades pero esforzándose por reformas de fondo. Aquí sólo tratamos formas.

El viernes Lula participó de un encuentro con empresarios a invitación de una revista local especializada en economía. Sus palabras, al contrario de lo que se escucha cada vez más frecuentemente aquí, fueron mesuradas y buscaron sumar al empresariado brasileño en los objetivos de crecimiento con equidad de su gobierno.

Mientras en la Argentina se acusa genéricamente a los empresarios, Lula dijo que «el optimismo y la visión de futuro habitan, por naturaleza, en el alma de los hombres de negocios», sentimientos que --dijocomparte con ellos. Mientras aquí se insiste en la obviedad de que «no se dejarán los principios en la puerta de la Casa Rosada» y los funcionarios ni siquiera hablan con los empresarios de sus respectivas áreas, Lula señaló que «el gobierno no cede en sus convicciones y compromisos ni lo exige de sus interlocutores, pero pone todo su empeño para negociar las propuestas, buscando el mayor consenso posible». Mientras aquí, por último, se convierte casi en un secreto de Estado el rumbo del país, Lula preguntó: «¿Cuál de los señores aquí presentes se aventuraría a buscar recursos externos, o incluso internos, para invertir a largo plazo con un riesgo-país de 2.400 puntos?», como llegó a tener Brasil. ¿Qué decir del riesgo argentino, de más de 4.600? ¿Qué inversión, qué futuro tendremos?

Haría bien el gobierno en mirar el ejemplo brasileño. Porque hay cosas fundamentales en las que no se juegan ni las ideologías ni los principios. El crecimiento del país es una de ellas.

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