Krueger: "Si no se paga no se crece y no se puede combatir la pobreza"

Economía

Insistió ayer la Nº 1 del FMI, Anne Krueger, en que la Argentina cierre la renegociación de la deuda porque de lo contrario le será difícil alcanzar un crecimiento sostenible. Reclamó más ahorro fiscal al gobierno para mejorar la oferta a acreedores y puso como ejemplo a Turquía, que tuvo un superávit de 6,5% del PBI y creció más de 8%. Dejó traslucir que la propuesta argentino-brasileña de excluir la obra pública del gasto del Estado será de difícil aceptación ya que en primer lugar hay que identificar los proyectos que alientan el crecimiento y que no desestabilicen la economía. Con respecto al colapso argentino, Krueger sostuvo que el error de los '90 fue no resolver el problema fiscal. Roberto Lavagna y Alfonso Prat-Gay se reunirán con el staff del FMI en Washington este fin de semana. La deuda en default, obviamente, es el tema central de todos los contactos.

La directora gerente interina del FMI, Anne Krueger, volvió a presionar ayer para que la Argentina cierre la negociación de la deuda: «Es un tema crítico para alcanzar niveles de crecimiento sostenible», aseguró la «dama de hierro» durante una conferencia de prensa.

Incluso explicó que «los planes sociales también son importantes», aunque lo principal es concentrarse en «acelerar el crecimiento» como mecanismo para atacar el problema de la pobreza.

Krueger coincidió, de esta forma, con la postura del número dos del Tesoro estadounidense, John Taylor, que en su visita a la Argentina recomendó anteayer que se acelere la salida del default «para recuperar inversiones y combatir la pobreza».

La funcionaria habló en una conferencia de prensa durante la reunión anual de Primavera del FMI y el Banco Mundial en Washington. Al ser consultada sobre la Argentina,
volvió a insistir con la necesidad de ajustar los niveles de superávit y graficó nuevamente con el ejemplo de Turquía: «Cumplieron con un ahorro fiscal de 6,5 por ciento del PBI y el país creció más de 8 por ciento».

• Negociación


Una misión del FMI negociará a partir de junio cuál será el nuevo nivel de superávit fiscal primario para 2005 y 2006. Mientras que el gobierno argentino pretende que continúe en 3% del PBI, el organismo quiere elevar este nivel para contar con más recursos para mejorar la oferta de reestructuración a los bonistas.

A continuación, los principales pasajes de la conferencia brindada por Krueger desde Washington:

Periodista: ¿Qué relación ve entre los problemas sociales de la Argentina y el pago de la deuda?

Anne Krueger: Lo más importante para atacar el problema de la pobreza y las necesidades sociales pasa por acelerar el crecimiento sobre bases sostenibles. Por supuesto, no es el único punto, también son importantes los programas sociales.Y en este sentido es crítico llegar a una resolución de las dificultades con los acreedores, porque la Argentina necesitará que aumenten las inversiones si quiere sostener los actuales niveles de crecimiento. Esto se debe a que se va reduciendo la capacidad instalada, con lo cual comenzarán a aparecer cuellos de botella si no hay inversión.


Por lo tanto, dejar el tema de la deuda atrás, obteniendo un superávit fiscal más fuerte, será el mejor reaseguro para alcanzar crecimiento sostenido. Turquía, por ejemplo, tuvo una crisis tan severa como la Argentina, pero optó por mantener el servicio de la deuda. Para ello obtuvo un superávit primario de 6,5 por ciento y consiguió una tasa de crecimiento de 8 por ciento anual, con inflación en baja. Por lo tanto, me parece que no son objetivos contrapuestos, ya que alcanzar un crecimiento sostenido requiere atacar el problema de la deuda y esto, a su vez, permitirá aliviar el tema de la pobreza.


P.:
En los últimos tiempos se puso en juego la credibilidad del FMI, por ejemplo, por darle malos consejos a la Argentina durante los '90, ¿qué opina?

A.K.: El FMI está para prestar en situaciones en las que resulta imposible que el país pueda financiarse a través de los mercados. Por lo tanto, existe en este tipo de préstamos un elemento de riesgo. En el caso de la Argentina, en la década del '90 se avanzó sobre una serie de reformas que generaron un buen crecimiento durante algunos años. Pero el problema fiscal no fue abordado y eso terminó borrando los buenos años. Por lo tanto, no es que todo era perfecto, pero sí se habían hecho muchas cosas. Una de las lecciones que dejó este caso es la importancia de conseguir sustentabilidad en las políticas económicas.


P.:
¿Cuáles son las chances de tener una nueva crisis en los mercados emergentes como ocurrió en los '90?

A.K.: Muchos países han trabajado bien no sólo para reducir el nivel de su deuda, sino también para mejorar su estructura . Por ejemplo, ante vencimientos de capital pudieron colocar nueva deuda no a dos años, sino a cuatro.


Y en vez de colocar títulos en moneda extranjera pudieron hacerlo en moneda local. Por lo tanto, la estructura de la deuda en muchos casos se volvió más robusta, por lo que un ajuste de las tasas de interés en los Estados Unidos no tendrá el mismo efecto.

P.:
¿Hasta qué punto le preocupa la inestabilidad política en América latina?

A.K.: Varios países han atravesado dificultades, con poca apoyo a sus regímenes.
Es más, cuatro presidentes democráticos fueron removidos en el último año. Por supuesto, esta inestabilidad tiene consecuencias no sólo políticas, sino también económicas, porque los inversores tienen incertidumbre respecto de lo que los gobiernos terminarán decidiendo en materia de regulaciones, lo que afecta negativamente el nivel de actividad.

P.:
¿Cómo está la discusión respecto de la posibilidad de no considerar como gasto a la inversión pública?

A.K.: Obviamente, tener buena infraestructura es importante para el crecimiento económico. Pero no todos los proyectos son tan buenos.


Por lo tanto, un primer punto es identificar cuáles podrían servir para alentar el crecimiento y cuáles no. Pero un punto para tener en cuenta es que no sirve mejorar la infraestructura y desestabilizar la economía. Por ejemplo, muchos países tienen una situación delicada de su deuda y, si piden más fondos prestados, aun para infraestructura, podrían complicar todavía más esta situación y los efectos terminarían siendo peores.


Un punto en el que estamos trabajando mucho está vinculado a las sociedades públicas y privadas para estas inversiones. El desafío es encontrar un punto intermedio respecto de cómo podrían complementarse las empresas y el Estado para invertir en infraestructura.

Dejá tu comentario