"La Argentina creció más que EE.UU. y Brasil en 10 años"
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Periodista: ¿Le parece que la Argentina tiene una última oportunidad con el blindaje? ¿Es una solución temporal o definitiva?
Enrique Blasco Garma: El blindaje es un refuerzo financiero, un país que estaba atacado en su parte financiera recibe una oxigenación muy importante. El país reduce el peligro porque de los tres puntos vulnerables que soportaba, el cambiario, el bancario y el financiamiento del Estado, sólo éste era el complicado. Afortunadamente, con la convertibilidad el tema cambiario no ofrece debilidad como se probó con el tequila y con algunos acontecimientos posteriores. Lo mismo sucedió con el riesgo bancario: el Banco Central ha hecho un trabajo y los bancos se han solidificado, se fusionaron, el sistema funciona. Dentro de los países en desarrollo, la Argentina tiene un sistema bancario bien sólido, eso es difícil atacar. Quedaba la parte fiscal, el financiamiento del Estado, donde la gente concentró su incertidumbre y su desconfianza. Era la parte más vulnerable que ofrecía la Argentina, y ahí es donde vino el ataque y donde la tasa llegó a niveles muy altos. Era insostenible esa desconfianza. Como no hubo flanco cambiario ni bancario, la cosa no pasó a mayores. De no haber estado eso cubierto, bueno, recordemos el tequila...
P.: Se cayeron algunos bancos, por ejemplo.
E.B.G.: Y el país sufrió muchísimo porque más de 20% de los depósitos bancarios se fueron del sistema. Toda la sociedad quedó afectada fuertemente.
P.: Bueno, ahora se ha ido casi 4% de los depósitos.
E.B.G.: Sí, pero no tiene un impacto significativo, de manera que el tema está más centrado en la parte fiscal.
P.: Daría la impresión de que el blindaje va a ocultar el problema fiscal, la situación de financiamiento del Estado.
E.B.G.: El blindaje es un respaldo importante. La gente que tenía temor de lo que podía ocurrir en la Argentina, ahora sabe que el país tiene plata por un tiempo. Eso da respaldo y un financiamiento. Además, la Argentina no está en una situación tan difícil financieramente como se dijo. Por alguna razón que yo no entiendo bien, hay una mala onda con el país. Aunque no todos los argentinos son malos, siempre el país está en la mira...
P.: No me va a hacer creer que estamos bien.
E.B.G.: ¡Acá somos tan exitistas! Decimos, la Argentina no crece y Brasil crece, y México crece. No es tan así. Estaba mirando las estadísticas del crecimiento per cápita del producto '89-'99 (los últimos 10 años) en todo el continente y, en términos reales, Chile fue el que más creció per cápita, pero la Argentina también está al tope. Digamos que en la Argentina creció el ingreso per cápita en términos reales en los últimos 10 años 33%, y Brasil sólo 2,5%. E igual decimos que la Argentina no crece y Brasil sí. México mismo creció 14%.
Ignorancia
E.B.G.: Puede ser, pero decimos que la Argentina no crece y soslayamos lo que ocurrió en la última década. La Argentina no crece, está parada, decimos, pero es uno de los países que más creció. La deuda se paga con dólares, no con términos reales. Si uno toma el producto en términos de dólares, el más alto es la Argentina. Inclusive, en términos reales es superior al de los Estados Unidos en los últimos 10 años. La economía norteamericana creció menos per cápita, pero hablamos de la locomotora de ellos y del parate nuestro. La Argentina creció 200%, se duplicó el ingreso per cápita en dólares de la Argentina en los últimos 10 años. Este modelo perverso, como gustan llamarlo, logró duplicar el dólar. Si uno compara épocas que eran más benévolas hacia la gente, como en las épocas de Raúl Alfonsín, el producto per cápita cae. Pero en esta otra época mala, como se dice, el producto se duplica. Por lo tanto, se maneja mucha ignorancia y las agencias internacionales que evalúan a los países a veces no toman en cuenta todas las circunstancias.
P.: ¿Eso habilitaría a pensar que hay malos vendedores del lado de la Argentina?
E.B.G.: Malos vendedores sin duda. Si uno toma las riendas de la deuda pública argentina, si mira bien y hace los números, el detalle, lo primero y lo principal está en la Argentina. Estrictamente no es una deuda externa ya que está en manos de residentes del país que, lo más probable, es que vayan renovando. Entonces, realmente el problema no era tan grave, ni para un blindaje, pero claro que cuando la gente dice que algo se cae, final-mente es difícil que no se caiga.
P.: ¿Algo así como cuando la gente dice que un banco se cae, finalmente se cae?
E.B.G.: Claro, se desnaturaliza el crédito y sin crédito no se puede vivir. Si a uno le cortan todos los créditos, pasa a ser un paria por más que hubieran elementos para defenderse. En ese sentido, la Argentina es un país mal vendido.
P.: Pero el país hasta ahora está parado.
E.B.G.: No se sabe explicar la situación real en la que está el país y cómo se podría salir. Además, también está la gente que alegremente habla de no pagar la deuda como si no evaluara las condiciones y repercusiones de lo que sería volver a la Edad de Piedra. Lo largan creyendo que si no pago voy a estar mejor, cuando seguramente si no pago voy a perder todas las cosas que tengo ahora. No entienden que si uno vive en una sociedad eso significa reconocer los derechos de otros, cooperar con otros.
P.: ¿Eso lo dice por expresiones de Alfonsín o Hugo Moyano?
E.B.G.: Los países subdesarrollados, como el nuestro, tienen instituciones muy frágiles. Creo que la diferencia entre la Argentina y Estados Unidos o entre México y Alemania pasa por las instituciones que tienen. Unos las tienen confiables, otros no. La Argentina, por ejemplo, en los últimos 50 años no dejó incorrección por cometer, de modo que lógicamente se mere-ció el lugar donde está entonces. La labor más importante para desarrollar en el país, no solamente en la economía, es fortificar las instituciones. Es una labor lenta, pero al final ¿para qué se crea el Estado? El Estado se crea para garantizar los derechos de la gente, si usted tiene propiedades y debe defenderlas a tiros todos los días, significa que no hay cooperación entre el Estado y la sociedad. En Alemania es difícil que esto pase. Porque la propiedad es más firme y es un país más rico por eso: los países son pobres porque no respetan la propiedad, como los países de África o América latina. En el fondo son pobres porque no hay derecho de propiedad o la propiedad está muy endeble. Ese es un mal del subdesarrollo y, dentro de ese universo, la Argentina es un fenómeno porque es un país que fue un desierto en 1850 y en 1920 ya estaba entre los más altos del ingreso per cápita. Hasta que después, por distintas cosas que le pasaron, pasó del desarrollo al subdesarrollo. No hay muchos países que hayan tenido la experiencia de pasar del desarrollo al subdesarrollo.
Ideas irreales
E.B.G.: Tiene razón, creo que no estamos tan mal dentro de los subdesarrollados, no estamos entre los peores. Por eso también me llama la atención cuando dicen que Brasil tiene una clase de gente fantásica que sabe lo que quiere y a dónde va. Si es así, ¿por qué tiene la mitad del ingreso per cápita que el nuestro? A veces se venden imágenes que no son, como nosotros que alguna vez pensamos que la Argentina tendría que ser el Virreinato del Río de la Plata o mucho más y, en verdad, ese país no existió. Hemos tenido ideas que no coinciden con la realidad y eso nos generó desconfianza, inseguridades, reclamos de exigencias que no son realistas, ese estado anímico por el cual todos nos viene mal.
P.: Lo interrumpo en la filosofía y le pido que volvamos al blindaje y al por ahora anuncio de varias reformas virtuales.
E.B.G.: Pienso que el blindaje es suficientemente fuerte como para que si se usa bien pueda cambiar muchas cosas. Pasamos a ser un país solvente en vez de insolvente, a tener fondos para gastar y reactivar la economía, será un cambio para un país sacudido por la desconfianza interna y algunos fenómenos externos. El blindaje es un capital que está ahí, disponible, que va a ser usado.
P.: Parecería -al escuchar esto-como si aceptase la inclusión de políticas activas. ¿Imagina algo en ese sentido?
E.B.G.: He escuchado a muchos colegas decir que hay que dar incentivos a la inversión. Nadie puede suponer que habrá mucha inversión si no hay demanda. Por lo tanto, creo que fomentar el culto a la inversión a través de desgravaciones es anticiparse un poco. Primero habría que hacer crecer la demanda y, una vez que esto sucede, pensar en otra cosa.
P.: ¿Usted habla de estímulos?
E.B.G.: El dinero que viene a través del blindaje se puede hacer que llegue al sector privado, que se compren títulos públicos, se cancelen vencimientos de esos mismos títulos, concederle plata al sector privado para que gaste.
P.: Pero muchos se pueden llevar la plata al exterior.
E.B.G.: Unos la van a tener en los bolsillos, otros la van agastar y otros se la llevaran afuera. Pero los que la tienen en el bolsillo la gastarán y de esa manera reactivarán la economía.
P.: Entonces, ¿no piensa como Cavallo en la necesidad de bajar impuestos?
E.B.G.: No sé si hay que bajar impuestos. La situación fiscal no está tan decreciente. Mejorará con la actividad. En rigor, lo que creo es en la conveniencia de abandonar una economía cerrada. Junto con Brasil somos abanderados en ese sentido. Hay que pensar en esto y convencer a Brasil. Los altos aranceles siempre se vuelcan contra los habitantes del país, se beneficia a un sector contra otro. De esto ya se ha dado cuenta el mundo. Estoy convencido de que la Argentina exportaría mucho más si se dejara importar más.
P.: ¿No suena como un tiro en la cabeza de los industriales, que hoy quieren devaluar, escuchar que usted propende la baja de aranceles?
E.B.G.: Mire, hay gente que puede competir y otra que no. Pero, ¿por qué el resto de la sociedad debe mantener al que no puede hacerlo? No tiene lógica. Prefiero hacerle un monumento a la industria y pagar todos los años por eso, pero si uno quiere crecer debe cambiar. Después diría que es necesario desregular en serio, porque hasta ahora el gobierno parece que gana las batallas pero no la guerra. Tal el caso de las obras sociales, de la ley laboral, de lo previsional, como usted decía parecen reformas virtuales. No voy a descubrir nada diciendo que se aumenta la productividad desregulando, pero se debe recordar que el fuerte crecimiento de los Estados Unidos en los últimos años se debió justamente a la desregulación en comunicaciones, bancos, inversiones, transporte, etc.
Polarización
E.B.G.: Sin duda, es el camino. Es el cambio que se viene y si usted quiere oponerse quedará al margen. ¿O acaso les importa a los norteamericanos que uno se alíe o no con ellos? El beneficio, como ocurrió en Europa, es para los países más pobres, que acceden a condiciones como Portugal o España, que nunca tuvieron confianza, seguridad, tasas de interes más baratas. Si uno se asocia con alguien más creíble automáticamente pasa a ser creíble. El que se oponga a esto va a quedar postergado en la historia. En cuanto a la dolarización...
P.: Sí, ya sé, está escribiendo un libro.
E.B.G.: Exactamente, y esto importa porque también entiendo que es ineludible. Todavía hay quienes hablan de devaluar. Pero, si ya hemos devaluado tanto que hasta lo hicimos por las generaciones futuras. Hemos hecho todo tipo de barbaridades, de ahí que la gente desconfíe de sus dirigentes, de los políticos. La dolarización elimina ese riesgo de los políticos. Nosotros no fijamos los precios externos, tenemos que allanarnos inclusive a tribunales internacionales, la mayor parte de los contratos se hace en dólares. El peso no es confiable ni para los inversores argentinos, basta mirar que a pesar de la convertibilidad los depósitos en dólares crecen más que los en pesos aunque se gane menos dinero. Creo que un ancla como el dólar sería hacernos más creíbles.



