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20 de febrero 2004 - 00:00

La charla secreta en el Yacht Club

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Guillermo Nielsen

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El ministro de Economía agasajó a su invitado con un asado, servido junto a las amarras del club. Condescendió así al pedido del alemán, quien quería comer carne a la parrilla. Fue propicio el pedido, ya que obligó a todos a instalarse junto al río: el Palacio de Hacienda carece de infraestructura para las especialidades criollas y eso permitió que Lavagna, Eichel y sus colaboradores disfrutaran de un mediodía formidable al aire libre.

En mangas de camisa y bajo la sombra del tradicional ceibo del Yacht, Lavagna y Eichel se sentaron frente a frente. A la derecha del ministro, Nielsen; a la izquierda, el secretario de Coordinación Técnica, Leonardo Madcur, quien permaneció callado durante casi todo el almuerzo. Un poco más expresivo se mostró el secretario privado del ministro, Leonardo Costantino, sentado en una esquina de la mesa: fue el único que habló en español, dirigiéndose a Nielsen y para comentar las achuras y guarniciones que se ofrecería a los visitantes. A Eichel lo acompañaban cuatro colaboradores, entre ellos el representante de su país, Rolf Schumacher. En otra mesa, apartada, 12 oficiales del Ministerio de Finanzas de Alemania y funcionarios de menor rango de la embajada aprovecharon también para disfrutar de ese ambiente náutico y casi recoleto (sólo había un par de mesas más con los parroquianos de siempre, en el Yacht, ayer). Desentonaban, eso sí, los custodios de Lavagna, moviéndose de aquí para allá con sus «handies». Pero estuvieron discretos y hasta permitieron que un par de socios comieran en la mesa contigua, casi pegada a la de los ministros negociadores.

La deuda pública fue casi el único tema del almuerzo y la voz cantante la llevaron Lavagna, Nielsen y Eichel. Los funcionarios del gobierno se abrazaron a una línea argumental muy adecuada para la instancia actual de la negociación, es decir, para un equipo que aún no sabe a ciencia cierta cuál será su oferta final. Por eso Lavagna -y más tarde Nielsen, con más entusiasmo y hasta con ademanes-insistieron en tres puntos centrales. En primer lugar, se está todavía en una etapa exploratoria, en la cual la señal más auspiciosa es el trabajo de los bancos sindicados para recabar información de los acreedores.

Además -siguieron-, existen dificultades de orden logístico y operativo para la colocación del nuevo bono que haría fracasar toda la operación si se acelera el proceso. Nielsen, con un inglés bastante más fluido que el de su jefe, abundó en anécdotas sobre las peripecias de otros casos, similares al argentino, en los que la negociación misma se empantanó por no contar con una buena plataforma técnica. «Nosotros podemos entender el espíritu de su planteo pero las limitaciones de las que hablamos, a esta altura, son fácticas, no son un cuento.»



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