La convertibilidad era mucho menos costosa
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Semanas después volvía a darse el mismo juego. El 11 de marzo, el Presidente advertía a quienes habían comprado dólares a $ 2,50 que «desgraciadamente habían perdido plata» y volvía a poner una cotización oficial ideal: $ 2. Era cierto que el BCRA seguía en condiciones de sostener una cotización de $ 1,61. Pero era el mercado el que seguía aumentando sus exigencias, pidiendo un respaldo de 146 por ciento, implícito en el valor de mercado de cierre, que fue de $ 2,25. Hoy esa exigencia ya llega a 200 por ciento y sigue su tendencia natural de hacerse infinita.
Conclusión: en un mercado como el argentino, les guste o no al gobierno y a los economistas pesificadores, un sistema de convertibilidad necesita de menos respaldo en divisas que un sistema de flotación. Es decir, una convertibilidad tiene menos costos de oportunidad para el Estado, en términos de divisas inmovilizadas. No es lo que ocurre en los países normales, donde la gente sólo exige una porción muy menor de divisas extranjeras en las arcas de la autoridad monetaria. En la Argentina, en cambio, lo mínimo que se le exige de respaldo es 100 por ciento, y ése es el caso de la convertibilidad o dolarización. Es decir, el Estado argentino no sólo tiene crédito voluntario nulo, sino también, crédito monetario nulo. No puede pretender emitir una moneda con valor positivo.
De más está decir que una moneda convertible era enormemente menos costosa también para el sector privado, pues con ella podía planificar a mucho más de una semana de plazo, algo que hoy está vedado en el país. Si este análisis resulta convincente y claro, también es cierto que tiene una debilidad: su falta de novedad, ya que era absolutamente conocido de antemano, y no había ninguna necesidad de pasar por este costoso experimento. Salvo para convencer «en los hechos» a quienes no estaban convencidos de lo que se venía afirmando hace por lo menos una década: salir de la convertibilidad es ir al caos.
• Hiperinflación
Hemos pasado de la fijación de la moneda con libertad de todos los demás precios a un intento de fijación de todos los demás precios con libertad de la moneda. ¿Cómo podría haber sido consistente una economía en donde una sola variable, el peso, debe acomodarse al valor, arbitrariamente fijado por el gobierno, de cada una de las demás, pudiendo tener ella misma sólo un precio a la vez? Respuesta: no teniendo precio alguno. Ese resultado, el de un peso valiendo cero, es el único capaz de hacer trivial la fijación arbitraria de los demás precios. Ahora bien, cuando su moneda no tiene precio, un país enfila directo hacia la hiperinflación. Ya no se necesita de ningún elemento adicional, como la expansión monetaria, pues ya nadie quiere tener en su poder algo que no vale nada. En este punto está la Argentina hoy.




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