5 de diciembre 2002 - 00:00

"La convertibilidad fue una estupidez"

Roberto Lavagna no puede olvidar la convertibilidad. Ayer encontró el escenario apropiado para castigarla: la 8ª Conferencia de la Unión Industrial Argentina (UIA). El ministro de Economía fue aplaudido en Parque Norte cada vez que defendió la devaluación del peso. Llegó a la demagogia de comparar la convertibilidad con la tablita de Martínez de Hoz.

En su ira contra el esquema cambiario del gobierno de Menem habló de la convertibilidad como «una tontería imperdonable» cercana a «la estupidez». Como contrapartida defendió la devaluación de 260% y la negociación con el FMI que sigue estancada. Aquí para justificar la desconfianza en el exterior dijo que no quiere «recursos frescos» porque no hay capacidad de seguir endeudándose.

Fue un discurso largo y por momentos aburrido ya que arrancó con la década del '70. Todos los ejemplos que utilizó fue para demostrar que los ministros anteriores a él estuvieron equivocados. Y que el crecimiento vino de la mando de su gestión después de casi 4 años de recesión. Al menos en una parte reconoció que esta reactivación parte de un piso muy bajo.

Los industriales mostraron su acuerdo con el discurso y en cada pregunta que le hicieron se encargaron de remarcar que apoyan su gestión.

Estos fueron los aspectos más sobresalientes de las intervenciones de Lavagna:

• Durante 17 de los últimos 27 años, tuvimos modelos basados en el retraso cambiario y a contramano de lo que eran las tendencias internacionales. Si a esos 17 años se le suman los años de crisis aguda y reordenamiento que se producen cuando se sale de esos momentos, en general de manera tardía, tenemos prácticamente 90% de los últimos 27 años perdidos.

• En el '70 la deuda externa era de 7.000 millones de dólares y hoy es de 120.000 millones de dólares. Por esto planteamos una negociación diferente con el exterior, que consiste en no pedir recursos frescos porque estamos sobreendeudados.

• Este tipo de modelos, no importa que sean tablita cambiaria o convertibilidad, sólo se mantienen en el tiempo con un respirador artificial. Y este respirador no es otro que el endeudamiento externo. Lo que no se produce es reemplazado por más deuda, megacanjes y blindajes.

• Es bueno exportar, pero necesitamos también un mercado interno sólido y eficiente. Sin esto el crecimiento no está garantizado. Este mercado interno se da primero por la sustitución de importaciones.

• El Mercosur no puede ser una realidad a medias. Debe recobrar la misión estratégica de política exterior que tuvo en el '86. El Mercosur debe multiplicar por cinco el mercado interno y ser una palanca de integración a nivel global.

• Los alimentos y energía disponibles nos pueden hacer jugadores de primer nivel mundial.

• El tipo de cambio se debe adaptar flexiblemente según nuestra competitividad. Ni muy alto ni muy bajo.

• El gasto debe incluir una propuesta seria para reestructurar las deudas externas, pero sosteniendo el crecimiento. Por esto planteamos una negociación que no sirva sólo para zafar.

• La estabilidad no puede ser el resultado de una represión artificial de una variable como el tipo de cambio o los salarios, sino la resultante de la responsabilidad fiscal.

• El sistema financiero no puede ser un simple aportante de dinero para cubrir déficit o de aporte de capitales a un Estado bobo, sino que se dedique a prestar fondos a la producción y las exportaciones.

• Cumpliremos tres trimestres con una variación del PBI positiva, lo que no ocurría desde el '98. Solos como país. Sin ayudas externas.

• Creo que estamos firmemente al inicio de una onda expansiva. Partiendo de niveles muy bajos. Hay que señalar que desde 1995 hasta ahora hay 31 trimestres. De esos, 20 fueron de caída. Esto sirve para saber desde cuan lejos viene el empeoramiento de un modelo que se mantuvo con el endeudamiento.

• Lejos de cualquier bandería política, debemos comprometernos con esta onda expansiva, y alcanzar una onda de crecimiento no menor a 4% del PBI. No les digo 10%, porque sería escuchar un cuento que siempre termina mal.

• No haremos rebajas impositivas sectoriales, para poder hacerlas a nivel general. El IVA es el candidato central a transferir a la sociedad estas rebajas impositivas para toda la sociedad.

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