La Fed celebró su centenario
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Los debates fueron duros y prolongados, con dos bandos mayores cuya puja continúa un siglo después: por un lado, quienes proponían un banco central gubernamental y, por otro, quienes promovían una entidad controlada exclusivamente por la banca privada.
El presidente de una Comisión Nacional Monetaria bipartidista, el senador republicano Nelson Aldrich, se oponía en principio a un sistema de banco central al estilo de los que ya existían en Europa pero, después de visitar Alemania y observar cómo funcionaba allí, retornó creyente en las ventajas de un banco centralizado sin intervención política.
La propuesta encalló en las realidades del escenario político de la época: la mayoría de los republicanos favorecía la idea de Aldrich, pero los demócratas progresistas promovían un sistema controlado y operado por el gobierno y los demócratas conservadores uno de propiedad privada, descentralizado y fuera del control de Wall Street.
El resultado de las elecciones de 1912, que llevaron a la presidencia a Woodrow Wilson, cerró el paso al plan de Aldrich, y el 23 de diciembre de 1913 el Congreso aprobaba la creación de una Reserva Federal. La mayoría de los demócratas votó "sí", y la mayoría de los republicanos "no".
El resultado fue una agencia que tiene un estatus legal híbrido, con algunas características de las empresas privadas y otras de una entidad del gobierno. A diferencia de los bancos centrales de otros países, la Fed no es la institución emisora de dinero en EEUU, una responsabilidad que permanece en el Departamento del Tesoro.
La ley en EEUU requiere que los bancos mantengan una reserva de dinero proporcionada a su capital, como recurso frente a "pánicos" como los sufridos antes de 1913 cuando los depositantes, alarmados por los altibajos de los valores en los mercados financieros, concurrieron en masa a retirar el dinero de sus cuentas.
Hace un siglo el Congreso encargó a la nueva agencia tres objetivos claros: el máximo empleo, la estabilidad de los precios, y la custodia de moderación en las tasas de interés a largo plazo.
La Reserva debía actuar, además, como prestamista de último recurso, proveyendo a los bancos de fondos para atender la retirada de los depósitos en tiempos de crisis.
Desde entonces, la Reserva ha ido ampliando sus funciones y responsabilidades, aunque no siempre ha respondido con la presteza esperada ante los vaivenes de los mercados.
Economistas como Milton Friedman, por ejemplo, sostienen que el crac de 1929 -al cual siguió la Gran Recesión- se debió en buena medida a que la Reserva no actuó con la largueza y presteza que las circunstancias demandaban cuando el público sitió los bancos para retirar sus ahorros.




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