La futura inserción internacional argentina Escribe Marcelo Elizondo (integrante de la Fundación Pensar)
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En la última apertura de sesiones del Congreso Nacional no hubo mayores referencias a la inserción argentina en el mundo. Esto hace presumir la baja prioridad que se asigna a la materia. Como naturales efectos de ello en los últimos 5 años sólo Venezuela exhibió en Sudamérica peores resultados que Argentina en comercio exterior y, la vez, aún cuando la inversión extranjera directa creció 11% en todo el mundo en 2013, en nuestro país decreció 13%.
El Mercosur, otrora generador de una de las únicas "políticas de estado" argentinas, muestra dificultades en la vigencia de sus propósitos constitutivos (supresión de barreras internas al comercio, integración productiva, conformación de una plataforma para la inserción internacional) y Argentina pierde participación en sus negocios (en el año 2000 nuestras exportaciones representaban el 31% de las de los 4 socios y en 2003 llegaban al 28%, pero en 2013 apenas reflejaron el 24% de ese conjunto). Ante el desafío de las negociaciones por un tratado de libre comercio con la Unión Europea es dable plantear una nueva etapa en el Mercosur, refortaleciéndolo institucionalmente, actuando "hacia adelante" y neutralizando las interferencias en su funcionamiento actual, y propugnando también entendimientos que habiliten eventuales negociaciones bilaterales de sus miembros con otros países que sean compatibles con el acuerdo.
Pero por otro lado, Argentina en sí deberá iniciar un proceso que, mientras corrige inconsistencias económicas "fronteras adentro" y suprime interferencias al comercio y las inversiones "en frontera", avanza en la inserción "fronteras afuera" a partir de negociaciones (no solo por preferencias arancelarias, sino también basadas en estándares o normas de ejercicio del comercio, o en marcos referenciales para la inversión y producción transfronterizas) para una vinculación virtuosa y, consecuentemente, el acceso a los más de 50 mercados del mundo que demandan más productos (no solo tangibles, sino también intangibles) que Argentina puede proveer.
Una inteligente vinculación externa permite el acceso a inversiones en la economía real, financiamiento, mercados para los productos argentinos e ingreso de divisas. Y ello contribuye a la generación de riqueza, a mejorar la calidad productiva, a crear empleo de las mejores características y al acceso de la población a mejores bienes y servicios.
La inserción internacional, empero, no se basa ya en la vieja promoción de exportaciones sino en la incorporación de eslabones en cadenas de valor en las que las inversiones (emisivas y receptivas), las alianzas y estrategias múltiples entre empresas (y países) anteceden al comercio y lo inducen. Duplicar exportaciones y triplicar la recepción de inversión extranjera son metas alcanzables. Esa inserción internacional ha permitido mejorar la calidad de vida de la gran mayoría de los países de Sudamérica. Podemos sumarnos.