8 de enero 2002 - 00:00

La ley Duhalde: Argentina pobre

El «nuevo modelo» que la «nueva alianza» (poder político + polo productivo) quiere ofrecernos a los argentinos no luce promisorio.

La ley de emergencia aprobada contiene una serie de elementos que así lo corroboran. Agruparé los comentarios en orden a «valores» que a mi entender una gran cantidad de argentinos consideramos que no deberían prevalecer: hipocresía, arbitrariedad, mediocridad, colonialismo cultural. Veamos entonces algunos ejemplos:

HIPOCRESIA

1. La ley Duhalde «modifica» la Ley de Convertibilidad, manteniendo su nombre. Su articulado, sin embargo, permite fijar la paridad al antojo del Ejecutivo y deroga la libertad del ciudadano a comprar divisas al valor fijado (control de cambios). ¿Cómo puede llamarse Ley de Convertibilidad a un régimen de total inconvertibilidad?

2. La ley sigue hablando de que las reservas son inembargables, y deben respaldar la base monetaria. Pero al eliminar la frase que obligaba a 100% de respaldo, y no prohibir la emisión para prestar al gobierno, resulta en un engaño. Mañana el gobierno puede emitir una Letra por $ 1.400 millones, llevarse los pesos del Banco Central y comprar u$s 1.000 millones (si el cambio es 1,40 x 1), y vulnerar lo dicho por la ley de que las «reservas serán afectadas al respaldo de la base monetaria».


3. Seguir hablando de las reservas como «prenda común» de la base monetaria es otro gran engaño. Con convertibilidad, las reservas eran de la gente (circulante) y de los bancos (encajes). Ahora el Estado se apropió de todo, pero no se atreve a reconocerlo.

4. La ley habla de «preservar el ahorro», pero no dice taxativamente que se «devolverá en dólares lo depositado en dólares». Como saben que probablemente nunca se devuelvan los depósitos sin fuertes quitas, han sido también engañosos en esta materia. Y a fin de evitar «megacacerolazos» (que podrían voltear al gobierno), la ley habla sólo de «protección». Otra mentirilla, que abre las puertas a la futura pesificación de depósitos
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5. Mejorar la distribución de ingresos. Una devaluación (si sale bien), por definición, mejora la renta empresaria (especialmente de bienes transables, al subir los precios internos) y desmejora el salario real. Así que es una hipocresía enunciar que el cambio de régimen apunta a una mejora en la distribución del ingreso.

ARBITRARIEDAD


1. Si alguien se esmeró, invirtió, llegó a tener 43 empleados, y debe u$s 110.000: deberá pagar $ 150.000, $ 300.000 o lo que fuere cotice el dólar en el mercado «libre». Si otro empresario tuvo la suerte de arriesgar menos capital propio, tiene 38 empleados y debe de todas formas u$s 100.000, pagará $ 100.000, aunque el dólar cotice a 2 o 3 $ por dólar. Una lotería, y un castigo tremendamente injusto, para las no PyMEs. No le cuento si encima competía con la PyME beneficiada.

2. El Congreso ha decidido que quienes exportan petróleo «paguen el pato». Tal vez una petrolera exporta con un beneficio de 10%. No importa. 25% o 30% o 40% de esa venta es para el Estado (además de todos los impuestos). ¿Racionalidad? Ninguna. ¿Será por ser empresas monopólicas? Pues entonces que fijen normas antimonopólicas ¿Y un exportador no monopólico? Que se embrome. No se sorprenda si las exportaciones de petróleo bajen, y si las inversiones en petróleo bajen. Para beneficio de...no sé, Venezuela, Kuwait, vaya uno a saber...(de Argentina, seguro que no)
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3. Cuando se quiso tentar a las privatizadas a invertir dólares, se les prometió que cobrarían dólares. Ahora hay dos caminos: o «defaultear» lisa y llanamente la ley (más vale que la Argentina no necesite modernizar nunca más su infraestructura, ya que no vendrá un dólar más en esas condiciones), o compensar cualquier cambio con otros beneficios (extensión de plazos, ajustes graduales, etc.), que permitan una «razonable» rentabilidad, lo cual es más conducente, y que no evitará algún impacto (lógico) negativo sobre el salario real.

4. Controles de precios. El PEN juzgará en cada caso, cuando le parezca apropiado volver a los controles de precios, de tan tristes recuerdos en la Argentina (otra vez gran discrecionalidad, otra vez una enorme corruptela...).


MEDIOCRIDAD

1. Buscar a todo aquel que haya ganado algo, quitárselo, para paliar los desastres de salir del 1 x 1, es a mi juicio, de mediocres.

2. Pensar en un esquema de controles de precios para evitar los traslados inevitables de la devaluación es, a mi entender, de mediocres
.

3. Creer que la Argentina puede crecer sobre la base de la arbitrariedad del Estado, que dirá finalmente quién ganará algo y quién perderá, es de mediocres.

4. Pensar en pesificar las deudas de las empresas chicas, y no la de medianas y grandes es no sólo arbitrario sino muy ineficaz. ¿Y cuando las grandes entren en default y concursos, acaso cumplirán con las empresas chicas que las proveen? Y si les venden a éstas, ¿no pasarán a venderles «contado rabioso» (primero paguen, luego les entregamos mercadería), y más caro, para compensar las enormes pérdidas que arbitrariamente el Estado les causó?


5. ¿Obligar al default de las empresas endeudadas en dólares en el exterior no es cerrarse por demasiados años a todo crédito? ¿No es eso para países mediocres?

6. El «crédito cero», implícito en el nuevo estilo de arbitrariedad, y en el proceso devaluatorio que se inicia, terminará perjudicando el empleo, las PyMEs, y demorará toda reactivación, hasta que no vuelvan condiciones de certidumbre, opuestas a las que la presente ley consagra
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COLONIALISMO CULTURAL

1. Si usted repasa reportajes a encumbrados políticos y dirigentes gubernamentales, verá que cuando no tienen respuestas claras para dar respecto a por qué devaluar, se amparan en lo que dicen o dijeran directivos del FMI, Jeffrey Sachs, Paul Krugman, o tal o cual de Harvard o Chicago. Eso les da «respaldo» a sus dichos (¿no es esto «cipayismo intelectual»?).

2. Y lo más grave es que no lo hacen desde la lógica de «ellos». Para cualquier economista medianamente instruido, devaluar es la forma de abaratar el costo salarial en dólares, de modo de hacer más «competitivo» (es decir, barato) el país. Y los países que más quieren prosperar, especialmente cuando quieren hacer prosperar más a la ciudadanía en general, y no a unas pocas empresas, hacen lo posible por no devaluar. Acá, nuestros dirigentes pretenden que los asalariados «no paguen el costo de la devaluación». Insólito. ¡Si justamente se devalúa para abaratar la mano de obra! Si justamente la receta de devaluar es la que se aconseja para «abaratar de golpe» la mano de obra y activos de un país, sin esperar la tortuosa «deflación».


En síntesis. El «nuevo modelo» no comenzó bien. Mi mayor esperanza es que el gobierno se considere a sí mismo como «bombero en la emergencia». Es decir, que asuma todo este proceso como uno de remoción de escombros, de limpieza. Pero sería más que prudente que se abstuviera de creer que está sentando las bases del crecimiento, la reactivación, la creación de empleo, etc., etc.

Con suerte, Duhalde y Cía. serán «buenos administradores» de nuestro proceso de derrumbe y empobrecimiento. Lo cual no es poco, dada la amenaza de anarquía latente.

Pero ¿crecer? ¿Querer erigirse en propulsores de una «nueva Argentina», pujante y en desarrollo veloz? Que lo olviden.
Ningún país crece rompiendo todo tipo de contratos, sobre la base de hipocresía y arbitrariedades, sobre la base de mediocridad y colonialismo intelectual.

Lo mejor sería que dejasen esa tarea para un nuevo gobierno (que en una de ésas pueda contar con diputados, senadores y funcionarios más ilustrados que el actual). Hasta el año 2003, hay muchos escombros que remover. ¡Y a cuidarse! Ya que la impericia del bombero puede llevar a crear nuevos incendios. Y ahí, pasaríamos del
«empobrecimiento administrado» al «empobrecimiento anárquico». Que todos sabemos cuán peligroso puede llegar a ser.

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