23 de enero 2001 - 00:00

La economía pone fin abrupto a la fiesta

Washington - Al irse disipando las celebraciones por la toma de posesión, la rápida desaceleración de la economía estadounidense podría terminar abruptamente la fiesta del presidente George W. Bush tan pronto como comience a trabajar en su Oficina Oval de la Casa Blanca. Los analistas sostienen que la economía, en su décimo año de expansión, está perdiendo impulso tan rápido, que bien podría Estados Unidos entrar en una recesión. En el mejor escenario, el país sentirá los dolores de un lento crecimiento.

«Eso es lo más aproximado, pero creo que lo que sí sabemos es que la economía se desacelera bastante, de manera que después de los buenos tiempos que hemos tenido, esto se sentirá como una recesión, sea o no cierto», dijo el ex gobernador de la Reserva Federal, Lyle Gramley, quien ahora asesora a la Asociación de la Banca Hipotecaria.

Las bajas ventas minoristas, el duro invierno, una debilitada confianza del consumidor y los crecientes precios de la energía que han afectado seriamente la manufacturación de productos, ayudaron a crear una desaceleración que se registra a un ritmo más rápido de lo que la mayoría de los economistas desearía ver.

Confusión

El viernes, la evidencia de que el sentir del consumidor estadounidense comenzó a agriarse se manifestó en el índice preliminar del comportamiento del consumidor en enero, de la Universidad de Michigan. El índice cayó a 93,6% -un nivel que no se observaba desde junio de 1996- desde un registro de 98,4% en diciembre, confundiendo los pronósticos de Wall Street de que la confianza del consumidor se recuperaría ligeramente después de que la Reserva Federal decidió, de mane-ra sorpresiva, reducir las tasas de interés en medio punto porcentual a principios de este mes.

La caída del índice en dos meses fue la tercera mayor que se tenga registro y los economistas dijeron que semejantes bajas precedieron las recesiones económicas de Estados Unidos a principios de las décadas de 1990 y 1980.

«Creo que el aterrizaje suave se salió de la pista», dijo
Fred Breimyer, jefe economista del State Street Bank and Trust en Boston. «Desde mi punto de vista, apunto hacia una recesión, pero lo más preocupante es que su entrada fue muy repentina.»

La industria manufacturera, fuertemente golpeada por los altos precios de la energía, atraviesa una caída desde hace meses. El Banco de la Reserva Federal de Filadelfia dijo el jueves pasado que la manufacturación en la región central atlántica que rodea al estado de Filadelfia, se redujo en enero, en lo que fue su peor desempeño en más de una década.

«El sector manufacturero está en recesión», dijo
Pierre Ellis, veterano economista de Decision Economics Inc., en Nueva York.

Varias empresas de Wall Street ya pronosticaron que la economía se encogerá hasta detenerse este trimestre. Por ejemplo, la firma Morgan Stanley Dean Witter pronosticó ante-riormente este mes que la economía entrará en una recesión -comúnmente definida tras la contracción de dos o más trimestres-en la primera mitad de 2001.

Los economistas raramente se aventuran y pronostican recesiones intempestivas, y general-mente escogen la más cautelosa opción de discutir las probabilidades de una recesión.

El pronóstico de Morgan Stanley se produjo pocos días después de que se registrara otra señal de desaceleración, cuando el gobierno informó que las ventas minoristas de Estados Unidos bajaban en diciembre pese a la temporada de compras navideñas, un signo de que los consumidores colocaban amarras en sus billeteras en anticipación a la inquietud por la caída en la economía.

Sin embargo, varios funcionarios de la Fed descartaron la amenaza de una recesión, tratando de aliviar las angustias de inversores y consumidores. El último jueves, el presidente de la Fed en San Luis,
William Poole, dijo que las condiciones de la economía estadounidense no calificaban como recesivas, destacando que para calificar a una verdadera recesión, la caída de la economía debe enfrentar la prueba de las tres «D»: duración, dificultad y dispersión. «La economía no enfrenta la prueba de las tres D», afirmó.


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