21 de mayo 2008 - 00:00

La presidencia nos miente con la nafta

La presidencia nos miente con la nafta
Si el precio del petróleo sube, es porque hay gente dispuesta a pagarlo. Y si lo pagan, es porque pueden y lo necesitan. Es cierto que en algunos países como Turquía o Noruega la nafta -su derivado más popular-ya a fines del año pasado se vendía por encima de u$s 1,80 por litro. Pero en otros, como Venezuela o Turkmenistán, el precio era de menos de u$s 5 centavos.

Prácticamente a mitad de camino están los mayores consumidores del mundo, los EE.UU., donde el litro se comercializa hoy en u$s 1 el litro. Pero de este dólar, 42 centavos corresponden a distintas cargas impositivas (que van de 26 centavos para Alaska a 53 centavos en Hawai). En el otro extremo del continente, en la Argentina, el precio de la nafta al público es apenas uno o dos centavos más caro que en los Estados Unidos, pero el zarpazo estatal supera 70 por ciento (la ganancia de productores, refinadores y distribuidores está "pisada"). Estos números nos demuestran que el precio del combustible es más una función de las apetencias estatales que del precio de los insumos.

No nos compliquemos entonces y aceptemos que si el petróleo sube, es en última instancia porque los gobiernos quieren (la ecuación del precio depende más de la necesidad de poder, recursos fiscales y apoyo popular del gobierno -por eso "subsidian" en lugar de rebajar-, que de la auténtica oferta y demanda). Ayer el barril de crudo trepó a un nuevo máximo histórico de u$s 129,07 (tocó u$s 129,6). Podríamos culpar a los comentarios de la OPEC o a 0,87% que retrocedió el dólar, pero éstos son meros incidentes. Como lo han hecho frente a más de 80 por ciento de las subas del crudo, las acciones cayeron, el Dow retrocedió 1,53 por ciento a 12.828,68 puntos y se buscó refugio en los treasuries. Claro que la suba de los precios mayoristas -vinculada a la del petróleo y los alimentos-también contribuyó al desánimo inversor y a la idea que la Fed dejaría de rebajar sus tasas de referencia. Podríamos hablar de 2,2 por ciento que perdieron los papeles financieros, pero lo importante es que dejaron de ser el sector de más peso en el S&P500. Guste o no, las cartas las maneja el gobierno.

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