19 de diciembre 2001 - 00:00

La Reserva Federal no quiere el cambio fijo

Lawrence Meyer, uno de los gobernadores más influyentes de la Reserva Federal (banco central de EE.UU.), afirmó ayer que los problemas de la Argentina han demostrado que adoptar un tipo de cambio fijo no es por sí mismo «una panacea» y se mostró favorable a la adopción de sistemas cambiarios más flexibles.

En una conferencia sobre la estabilidad financiera en los mercados emergentes dictada en el Centro de Estudios Estratégicos Internacionales en Washington, Meyer se mostró favorable, por norma general, a los tipos de cambio flexibles, que consideró como «la mejor elección» para esas naciones y como una forma de evitar el estallido de crisis en el futuro. «Un tipo de cambio fijo es sólo adecuado en los casos relativamente poco comunes en los que pueda ser totalmente creíble», indicó el gobernador del banco central de Estados Unidos, que preside Alan Greenspan.

Meyer apuntó que «para promover una mayor estabilidad a los regímenes de tipo de cambio fijo, algunos países han adoptado sistemas de junta monetaria o se han decidido por una dolarización total. Sin embargo, esas decisiones no son panaceas, como lo demuestran las actuales dificultades de la Argentina». El norteamericano agregó que hay «cada vez más países que han tomado la dirección contraria, a favor de regímenes de cambio más flotantes, a menudo siguiendo experiencias en las que su tipo de cambio fijo se ha probado no viable». Meyer dijo también en varias ocasiones que es favorable a los tipos de cambio flotantes para las economías emergentes ya que «el hecho de que muchos gobernantes de las economías emergentes parezcan haber adoptado un punto de vista similar en años recientes da lugar a razones para el optimismo de que, en el futuro, esas economías puedan experimentar menos crisis financieras y también menos severas».

Meyer se refirió además a otro capítulo de la crisis argentina al asegurar que el procedimiento de moratoria de la deuda propuesto por la número dos del FMI, Anne Krueger, para aquellos países que no pueden hacer frente a sus obligaciones financieras conlleva «problemas prácticos muy importantes». Indicó además que el «principal problema con la propuesta Krueger, como con cualquier otro proyecto de establecer procedimientos de moratoria internacionales, tiene su fuente en la naturaleza ineludible de la política soberana de las naciones».

Para el funcionario de la Fed, «tanto los países acreedores como los deudores deberían, según esta propuesta, ceder una parte importante de su soberanía al FMI y seguramente van a mostrarse reticentes a hacerlo».

La número dos del FMI, la estadounidense Anne Krueger, propuso a fines de noviembre que su institución actúe «como un catalizador para alentar a los acreedores y deudores a reunirse para reestructurar las deudas que se hayan vuelto insoportables». Krueger pensaba en la creación de una legislación internacional que permita a un país declararse en quiebra virtual durante el tiempo necesario para llegar a un acuerdo con sus acreedores.

Meyer se refirió además a otros temas que se vinculan con la situación argentina al afirmar que la mejor forma de evitar el estallido de las crisis es que sus gobiernos adopten sólidas políticas porque «ninguna reforma de la arquitectura financiera internacional puede, por sí sola, superar a las deficiencias en esas áreas críticas».


Lawrence Meyer es gobernador de la Reserva Federal desde 1996 y, según los analistas, se trata de uno de sus miembros más influyentes, que a menudo ha disentido de las teorías económicas de Greenspan.

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