Según la explicación para "el rebaño", deberíamos echarle la culpa a la suba del petróleo por la falta de optimismo que mostró el mercado bursátil. En otro contexto tal vez lo haríamos, pero no en los tiempos que corren. Desde ya que esto no quiere decir que el salto de casi 4% que pegó el precio del crudo al cerrar en u$s 55,62 fuese intrascendente (aunque al rascar un poco la superficie de las cosas -y salvo las petroleras- parezca serlo respecto de la inversión en acciones), sino que entrando en la temporada de huracanes en la zona del Golfo -con la capacidad refinadora tan deteriorada como está-, no hay razón para sorprenderse si en algunas semanas más -el día 15, reunión de la OPEC en Viena- vemos al "oro negro" rozando los u$s 60 por barril. Ya que es desde lo informativo el día más "tranquilo" de la semana (mañana, precios mayoristas; el miércoles, minoristas y beige book; nuevas viviendas el jueves; confianza de los consumidores el viernes; etc.), casi parece lógico que apenas se hayan alcanzado a realizar operaciones con 1.300 millones de papeles en el mercado tradicional y 1.400 millones en el electrónico o que el Dow sólo trepara 0,09%, a 10.522,56 puntos. Lo que no parece lógico es que los inversores no hayan aprovechado la nueva suba del dólar (fuertes rumores de recorte de tasas en Europa), que quedó en u$s 1,2106 y 109,53 yenes, para volcarse aunque más no sea a los bonos del Tesoro (la tasa de 10 años trepó a 4,086%). Esta preferencia evidente por el "efectivo" sugiere más que nada que sigue sin haber confianza.
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