Una suba como hay pocas, un grotesco como hay muchos, un convivir dentrode la misma semana: de las lágrimas más afligidas del año -viendo al Mervalderrapar debajo de «400»-, para dejar paso a dos últimas fechas con sonrisas deoreja a oreja en el recinto de Buenos Aires.
El saldo de todo este «salpicón de Bolsa», no encontró mayoresexplicaciones que las que cada uno quisiere ubicar en el casillero.
El jueves se había generado un aumento de más de 4 por ciento, convolumen que no era importante.
Para el viernes se necesitaba algo más de armonía en indicadores. En taloportunidad, para una leve expansión en órdenes locales y que llevaron a los 29millones de pesos al efectivo, el índice trepó casi 50% más que los del jueves,para rozar 6 por ciento.
Confusiones
Es lo que puede quedar después de semejante subir y bajar, de golpes detimón -siempre en marco reducido de negocios-y movimientos muy sugestivos «enapoyo de».
Como en una arremetida organizada expresamente para dar respaldo -ennombre del «mercado»- a algo, o a alguien, el escenario se pobló de estosjubilosos en dos días finales, extrayendo ondas positivas hasta de las piedras.
La idea de «el mercado quiere a Cavallo» circuló con alto rating y muchadifusión, con indicadores que proveían de sustento. La verdad de esto se habráde mostrar en capítulos venideros. Lo pasado mostró efectos, sin causas.



