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Basta con recorrer la estadística, la relación de precios y volúmenes para advertir que las «golondrinas» que han quedado son de raíz autóctona. Y pretender que el de afuera venga a desempeñar el papel del tonto, con condiciones distintas en cuanto al manejo de sus fondos, se cae por lo absurdo del planteo. Lo único que puede lograrse es que las que pudieran llegar a entrar, cambien de rumbo. Y que algunas de las nuestras plieguen alas, frente a temores.
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