31 de julio 2001 - 00:00

Las nuevas claves que surgen del déficit cero

Sancionada la ley de déficit cero, de ahora en más los hombres clave en la Argentina serán los que sean capaces de hacerla cumplir. No necesariamente el presidente de la Nación, que es importante pero suele agotarse. Nunca le agradará resolver y enfrentar los problemas severos, que su cargo implica, cuando ya están en la extremaunción.

Partamos de la base de que no hay hoy estadistas en este gobierno. Sigue siendo válido que la continuidad de De la Rúa, salvo convocar a una elección general presidencial, es el mejor de los males.

Alarma observar cómo se hará cumplir la ley de ahora en más, si costó tanto y despertó tal cantidad de recelos y juegos políticos su sanción.

No olvidemos, además, que apenas si hemos votado una ley correcta, propia de países serios. Pero no es justa ni aportante a un mejor futuro nacional en lo inmediato (se vio en el resultado de ayer de los mercados) desde el momento en que un tercio de lo que impone es, realmente, sacrificio del sector público pero los dos tercios restantes son una nueva carga al sector privado vía mayores impuestos. En la Argentina, los políticos terminan siempre defendiendo a quienes dependen del Estado. No a quienes lo alimentan con su producción en el sector privado. Hablan y hablan de 17% de desocupados y no de 83% de ocupados de cuya tranquilidad en el trabajo y de que su consumo se expanda dependerá que haya más demanda de bienes y servicios y, consiguientemente, más trabajo para ese 17% de desocupados. El político argentino no entiende esto.

Igual, si cumplimos con esta ley podremos salir del abismo, pero no mucho más. La ley es muy importante, pero algún día tendremos que restituir poder de inversión y de gasto al sector privado.

Aun con esta injusticia proporcional de sobre quienes recaerá el ajuste, hacer cumplir lo que sancionamos será dramático, epopéyico.

Habrá que resistir presiones por excepciones que se solicitarán y tener la valentía de conceder sólo las indispensables como sería comprensible para las fuerzas de seguridad en este contexto de emergencia, salvo que se sea miope para no ver la anarquía en ciernes.

Habrá que sobrellevar la crítica burda pero permanente de los demagogos políticos tradicionales que insistirán en que ellos «no son culpables del ajuste» aunque sean triplemente culpables, porque engendraron este gobierno sin mínimas bases programáticas y, luego, para colmo, empujaron para llegar casi al abismo.

Habrá que resistir el nuevo anarquismo de los piqueteros que ahora operan con fondos extraídos de los mismos planes Trabajar y del sindicalismo tradicional.

Habrá que sobrellevar a la izquierda infiltrada con propuestas de delirio como terminar con los bancos y los banqueros, los empresarios, el capital, las Fuerzas Armadas y de seguridad o el acercamiento al Fondo Monetario. Además estarán los hombres de extrema izquierda en la Argentina, propicios a soluciones violentas, aun cuando se arropen en barnices democráticos, e ideológicamente militan en un marxismo retrógrado más cercano al stalinismo de los años '30 del siglo pasado. No contamos con un socialismo racional. Aquí es utópico, disperso en ideas y lejos de ser una alternativa progresista real para gobernar como lo es hoy el laborismo inglés o el socialismo francés o lo fue el felipismo español. Los «polos sociales» de la izquierda operarán contra el déficit cero. Lo usarán, les viene bien y dominan bastante medios de difusión y mentes periodísticas. Existe el accionar extorsivo desde la prensa propia y no propia. Esta última de capitales angustiados por sus deudas que no se preocupan del copamiento de sus páginas que las usarán contra la ley.

Estarán las protestas normales por el ajuste con el riesgo de ser infiltrados por los violentos, algo casi inevitable en las marchas callejeras.

Habrá que sobrellevar el sindicalismo burocratizado y el combativo, ambos bien pertrechados de fondos por un régimen laboral que los enriquece con dinero extraído al sector privado y a los mismos trabajadores. El enriquecimiento personal de los sindicalistas se disimula con marchas y paros.

Habrá que enfrentar a políticos que amenazarán a jefes del sector público para que no denuncien a sus «ñoquis» punteros políticos aunque ahora el jefe administrativo que no proceda contra ellos tiene responsabilidad penal si engaña.

Será necesario operar contra la demagogia de los jueces, sobre todo los laborales causantes de males gravísimos que precipitaron también a la Argentina a esta caída de donde debe emerger con un ajuste tan drástico.

Falta un gran equilibrio, que pocos en el gobierno tienen, para detener el alza del desempleo porque este ajuste demorará la reactivación. Hay que rever la aplicación de leyes extremas de «triple indemnización» para casos de trabajo en negro que alientan a abogados inescrupulosos a que en un caso de pocos despidos en una PyME encarezcan tanto las indemnizaciones que provocan la caída de los empleos restantes de esas empresas que cierran abrumadas por una legislación que debe ser justa pero no inelástica en una emergencia económica.

A un país como la Argentina proyectarlo a un ineludible déficit cero con ajuste severo del sector público es, entonces, muy difícil por la baja calidad de su política interna que sólo convoca a vividores profesionales.

Sancionamos una ley a lo Pirro. Ahora viene una odisea. Hace falta una inteligencia que nuestros legisladores no muestran y, ahora, además tendrán asesores baratos por el tope de $ 6.000. Hay mucho que perfeccionar. Las provincias, por ejemplo, han terminado emitiendo moneda paralela o bonos para el sector público. Es una manera miedosa y riesgosa de no afrontar una reducción de sueldos de 20% que les cobrarán especuladores privados, en promedio, para canjearles por pesos normales esos bonos. Habrá un mercado especulativo por ese 20% más 7% de interés (que paga el Patacón bonaerense). Más 4% si se arriesga a invertirlos en el Banco Provincia. Todo arriba de $ 700 en efectivo se cobra en bonos en la provincia para pagar servicios (por ahora) y tasas públicas.

¿No era preferible la reducción directa de sueldos públicos al sobrante en bonos?

Dejá tu comentario

Te puede interesar