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Muchos informes que servirían para mejorar el análisis se mantienen reservados y no se publican o bien son publicados con retrasos de casi un año. Esta ha sido nuestra posición en las reuniones del FMI donde se discutió el tema.
3 Es necesario crear condiciones preferenciales para los acreedores hasta ciertos montos mínimos de inversión. No es equitativo tratar de igual manera a inversores minoristas, no sofisticados, que a grandes inversores institucionales.
Este ha sido precisamente uno de los temas que, dentro de las restricciones existentes, intentó tener en cuenta Argentina. Sería útil reconocer de manera clara este derecho a un tratamiento diferente y preferencial.
4 Es igualmente útil para el desarrollo de estos mercados y la solución de situaciones de reestructuración, reconocer un tratamiento diferente y preferencial a los tenedores "originales" de los créditos. Aquellos que han adquirido los títulos de deuda a su valor facial.
5 El punto anterior debería complementarse con el criterio de dar un trato diferencial y menos preferente a quienes hayan adquirido los créditos después de situaciones de default abierto. Estos tres últimos criterios tienen que ver claramente con la naturaleza de los inversores y, por ende, con su diferente comportamiento durante procesos de reestructuración. En muchos casos quienes más obstaculizan los procesos de reestructuración son, precisamente, quienes buscan ganancias extraordinarias, rápidas, que cuentan con capacidad de análisis e información asimétrica (privilegiada) y que tienen capacidad de influir y hasta de presionar a los deudores soberanos. La defensa de los intereses de estos grupos suele ir en contra de los inversores más estables y de menor tamaño y, por ende, en contra de un desarrollo estable del mercado.
6 La ambigüedad aun existente sobre la existencia o no de "bailout" debería, por lo menos, contemplar criterios diferentes con los que juzgar la reestructuración según estos apoyos existan o no.
Argentina que en medio del proceso de recuperación ha hecho pagos netos por más de 9.000 millones de dólares tiene una clara experiencia de cuán diferente es reestructurar cuando hay fondos frescos o, como en este caso, cuando no los hay.
Pretender que el mismo criterio sirve para los dos casos no tiene sentido económico ni ayuda a normalizar los mercados.
Las finanzas globales tienen mucho que ganar si se avanza en estos criterios en el marco de dos principios generales:
La buena fe requiere que el acreedor no prometa aquello que sabe que no podrá cumplir.
Requiere igualmente que las reestructuraciones sean sustentables y no meros "mecanismos de escape" de acreedores que cuentan con informacion y poder asimétrico.
() La presente columna refleja la opinión del autor.
Reuters no tiene una opinión editorial.




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