Llegan enviados de Bush: ¿se reabre el diálogo?
Antes de recibir a Evo Morales, el 17, el gobierno de Kirchner será visitado por el funcionario más encumbrado de los Estados Unidos para cuestiones regionales: es Tom Shannon, subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos. La visita es una devolución, ya que en diciembre el secretario de Política Exterior y amigo personal de Shannon, Roberto García Moritán, visitó Washington para recuperar una agenda malograda por la Cumbre de las Américas. La semana próxima acaso tenga el clima de un relanzamiento de la relación con EE.UU.: también habrá una comitiva de senadores republicanos encabezada por Mitch McConnell. Es el esposo de la «ministra» de Trabajo de Bush, quien acompañará a su marido y cultivará una agenda propia, aunque extraoficial.
-
El BCRA eliminó una nueva restricción al agro: cuál es y cómo impacta en los créditos
-
Cómo ahorrar hasta un 30% en compras con código QR con esta aplicación
Los senadores estadounidenses Mitch McConnell y Mel Martínez, el canciller español Miguel Angel Moratinos y su par argentino, Jorge Taiana, protagonistas del relanzamiento de la política exterior argentina.
La misma pregunta cabe, aunque con menor ansiedad, para Francia. Será el destino del primer viaje de importancia a Europa que realizará el propio Taiana, con pasable sarcasmo para la figura de su antecesor, Rafael Bielsa, «el embajador que no fue», por decirlo en términos de su colega diputado Miguel Bonasso.
Más allá de las novedades e incógnitas que entraña cada uno de estos movimientos, la visita de Shannon es el acontecimiento más relevante para la política exterior del gobierno. Es obvio: el subsecretario fue quien más irritado quedó por el resultado de la Cumbre de las Américas, donde la figura de George W. Bush fue vapuleada y en la que casi se hunde el documento elaborado pacientemente por 34 delegaciones de todo el continente. Sin embargo, en diciembre y con total discreción, el secretario de Política Exterior García Moritán viajó a Washington. Aquellas mortificaciones parecen haber quedado despejadas con su visita, al menos en lo que atañe a la administración de Kirchner. Otra cuestión es lo que le suceda con sus superiores al embajador en vías de jubilación Lino Gutiérrez. Por de pronto, en el Departamento de Estado se preocuparon por no dejarlo solo mucho tiempo: ya que Hugo Llorens se marcha a Madrid, Michael Matera será designado como segundo de la embajada. Casado con la economista Silvina Batnik, Matera ya cumplió funciones en Buenos Aires durante la gestión de James Walsh como embajador. Ahora Matera deberá acompañar a Gutiérrez hasta su retiro, acaso simultáneo al que le espera a José Bordón en la embajada argentina en Washington, cuando llegue el otoño a esa ciudad.
• Vínculo
Pero no hay que perder de vista el viaje que realizó García Moritán. Este diplomático es amigo personal de Shannon desde que el actual subsecretario de Condoleezza Rice se desempeñaba como ministro de la embajada de su país en Brasilia. Ahora ese vínculo entre dos funcionarios que son colegas reviste una relevancia más que anecdótica. Fue García Moritán quien le hizo notar al decepcionado Shannon algunos aspectos eclipsados de la cumbre de Mar del Plata. Por ejemplo, el «detalle» de que todos los presidentes, Hugo Chávez incluido, suscribieran un documento en el que se señalaba al capitalismo y a la iniciativa privada como los principales motores del desarrollo humano.
Shannon llegará a Sudamérica en un momento relevante: a diez días de la asunción de un cocalero, Morales, como nuevo presidente de Bolivia, el país con mayores recursos energéticos de la región, muchos de ellos en manos de empresas norteamericanas como Chevron, de la que «Condi» Rice fue directora. Tal vez sea más sencillo disimular las diferencias con Kirchner en este nuevo contexto y cuando el Presidente «se sacó de encima» la cuestión principal de su trato con el gobierno de los Estados Unidos: la discusión de la deuda con el Fondo Monetario Internacional.
• Clarividente
Al lado del viaje de Shannon, quien se verá seguramente con Taiana -¿también con Kirchner?- a pesar de los desniveles de jerarquía, empalidece la gira de los senadores republicanos. Sería un error dejar de observarla: McConnell (Kentucky), además de esposo de la «ministra» de Trabajo de Bush (quien tendrá una agenda paralela, oficiosa), es una de las voces más importantes del Senado estadounidense en cuestiones agrícolas. Con él llegarán Richard Burr (Carolina del Norte), John Thune (Dakota del Sur) y Mel Martínez (Florida). Este último tuvo su hora de fama en Buenos Aires cuando, como subsecretario de Vivienda, representó a Bush en la asunción de Kirchner. En aquel momento se interpretó que la función de Martínez indicaba una forma de desdén hacia el nuevo gobierno argentino.
Ahora, advertidos los métodos a los que apeló el santacruceño para conquistar a parte del electorado que lo respaldó en octubre, aquel envío de Bush parece clarividente.




Dejá tu comentario