Finalmente, llegó la Navidad y como es casi una costumbre, los inversores festejaron el paso de Papá Noel por el mercado bursátil con lo que la tradición ha dado en llamar el «rally de Santa Claus». Casi sin darnos cuenta, el Promedio Industrial ha ido ganando terreno hasta alcanzar los 10.827,12 puntos, alcanzando un máximo anual, que es a la vez el máximo de los últimos tres años y medio. Con apenas unas pocas jornadas más por delante, antes de cambiar de año, casi no hace falta resaltar que el ánimo entre inversores e intermediarios es festivo y se confía en la posibilidad de marcar nuevos máximos antes del 31. Podríamos decir que el optimismo obedece a la mesura que parece mostrar últimamente el precio del petróleo o la bondad de los datos macroeconómicos, pero lo cierto es que estos argumentos son fácilmente rebatibles. Podríamos también argumentar que la desvalorización del dólar ante el euro y el yen es lo que hace que las acciones «aparentemente» ganen terreno, pero no hay que perder de vista que estamos ante un fenómeno de suba global para los activos de riesgo, y que varias bolsas europeas han roto todas sus marcas históricas. Podríamos ensayar también muchos otros argumentos para explicar por qué los norteamericanos y gran parte de los habitantes del globo se sienten hoy más ricos y dispuestos a apostar por la participación accionaria, pero en realidad estos argumentos poco importan. La Navidad debe ser un período de reflexión, y si reflexionamos vemos que no todo está tan bien, ni es tan firme como aparenta. Mientras tanto, a festejar y a seguir celebrando las fiestas de fin de año.
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