2 de diciembre 2005 - 00:00

Lo que se dice en las mesas

• En las mesas de dinero, más allá de las versiones que se hicieron circular sobre un eventual alejamiento de Martín Redrado del Banco Central (ver pág. 7), surgió información valiosa en materia financiera. En primer lugar, Narciso Muñoz se mantendrá al frente de la Comisión Nacional de Valores, y este funcionario tiene excelente relación con el flamante secretario de Finanzas, Alfredo Mac Laughlin. Sobre este último, el mercado no vio mal su designación y hasta hubo cierto alivio dado que, como graficara un veterano operador, «por como vinieron algunos nombramientos desde el lunes, se podía esperar cualquier cosa».

En este sentido surgió un dato para tener en cuenta: deberá rápidamente salir a recomprar deuda Mac Laughlin, tal como está estipulado y el gobierno se comprometiera a hacerlo, en el prospecto de canje de la deuda. No hacerlo es similar legalmente a entrar en default. Recuérdese que Roberto Lavagna, innecesariamente por cierto, se obligó a pagar intereses a bonistas como si hubiera habido aceptación de 100% en el canje. Como fue de 74%, el dinero sobrante se debe usar para recomprar deuda. El plazo límite para concretarlo es diciembre, pero extendible hasta marzo y por u$s 200 millones aproximadamente. Paralelamente, Mac Laughlin deberá salir al mercado a buscar financiamiento para poder pagar vencimientos de deuda en febrero. ¿Intentará lanzar un bono en Nueva York como estaba por hacerlo el equipo de Lavagna? Todo parece indicar que se ha congelado esa transacción.

• Sorprendió paralelamente en las mesas el giro de 180° de algunos bancos con respecto al gobierno, tras la partida de Lavagna. Lo más llamativo en este sentido fue lo de UBS, entidad que asesoró al gobierno en el canje de la deuda. En un comentario enviado por mail y firmado por Javier Kulesz, señala que la nueva ministra «es una pseudo intelectual de clase media, con una licenciatura. Estuvo más involucrada en la política de café que en economía». Por si fuera poco, culmina afirmando que «algunos clientes nos preguntaron si el presidente Kirchner podría sorprendernos positivamente. Lo dudamos. Si ocurriera algo, sería en forma negativa». La pregunta inmediata que se hicieron en el mercado al circular este correo electrónico fue la siguiente: más allá de las críticas y dudas que puede generar el nuevo gabinete, ¿ hubiera opinado lo mismo UBS si tuviera vigente un contrato para asesorar al gobierno? Difícil.

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