Los argentinos dejaron sólo u$s 220 millones en Uruguay
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Los cortes de carne vacuna subieron hasta 20% en marzo y agregaron otro factor de presión sobre la inflación
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Cómo opera el plazo fijo en los principales bancos hoy, jueves 9 de abril
La situación es incómoda y preocupa a los uruguayos. En la Plaza Fabiani, poco conocida por este nombre, ya que la llaman «Plaza del entrevero» en la 18 de Julio, se ve un cartel de los sindicatos bancarios pidiendo la devolución del dinero a los argentinos que «confiaron en el país». La sombra del cartel protege del sol de la tarde a un desposeído que duerme envuelto en harapos. Hay pobreza, pero no la mendicidad agresiva de Buenos Aires. En el paisaje de Montevideo no se ven tampoco cartoneros. En las plazas están muchas de las víctimas de la peor crisis que soporta Uruguay, pero están en silencio. La ciudad es segura y los folletos de los hoteles la comparan en ese aspecto con Tokio.
Las pizzerías a la noche muestran a pocos comensales a pesar de que pueden comer acompañados de una cerveza por 2 dólares. La vida nocturna no se ve. Algún que otro muchacho recuerda que Uruguay tiene zonas de diversión cuando le acerca un panfleto que, bajo el título de «encuentros», esconde la publicidad de un burdel.
Los argentinos que tienen dinero en Montevideo no se quedan a disfrutar de la ciudad; además de ser muy cara, no tienen mucho que hacer allí. Dejaron sus pocos dólares fuera del «corralito» en depósitos a la vista. Fuera de esta posibilidad, lo demás es riesgo. Los bonos de la deuda uruguaya están cerca del default, las acciones de las empresas cotizan en una Bolsa inexistente en cuanto a su volumen. El plazo fijo implica inmovilizar dinero a una tasa de 4% anual en un sistema que tiene «corralito».
Hoy en Uruguay, 2001 parece una época lejana. En ese año los banqueros uruguayos llegaron a la euforia. A partir de marzo del año pasado, los depósitos de los argentinos empezaron a crecer a un ritmo cercano a 10% mensual. Llegaban por mes cerca de 400 millones de dólares, la mayoría desde Buenos Aires. Se pagaban tasas bajísimas cercanas a 2% anual. Este dinero los banqueros uruguayos tenían que recolocarlo. Entonces se promocionó el consumo. De esta manera, los créditos personales o para compras de artículos suntuarios (siempre en dólares) pasaron a ser casi 25% del total de los préstamos de los bancos, cuando poco tiempo antes no superaban 10%. Los uruguayos disfrutaban de compras en cuotas a tasas irrisorias, gracias a la invasión de dólares de los argentinos. Descontentos con De la Rúa, buscaban seguridad y no les importaba el bajo rendimiento de sus plazos fijos. A los tradicionales ahorristas se unieron otros que jamás habían sacado su dinero del país, pero ahora buscaban un lugar más seguro por desconfianza a la gestión de la Alianza.
El peor mes de Fernando de la Rúa marcó el apogeo de las colocaciones de argentinos en Uruguay. En diciembre pasado tenían depositados casi 6.200 millones de dólares. Había comenzado a funcionar el «corralito» argentino. En un año los depósitos argentinos habían subido 1.600 millones de dólares y en los dos años de gestión de De la Rúa, más de 2.000 millones. Un dato: en diciembre de 2001, los depósitos de los argentinos eran similares en monto a los de los uruguayos. Normalmente las colocaciones de los locales superaban y llegaban a duplicar a las de los argentinos.
Pero llegó febrero y la euforia de los banqueros cambió por desazón. Dos entidades argentinas con sucursales en Uruguay provocaron una estampida que en pocos meses se llevó del sistema u$s 6.000 millones de los u$s 13.600 millones que había depositados. Las reservas uruguayas de más de 3 mil millones de dólares cayeron a poco más de 600 millones. Uruguay no perdió más dinero porque se instauró un «corralito» en los dos bancos oficiales (República e Hipotecario) y en los cuatro suspendidos (Comercial, de Crédito, de Montevideo, Caja Obrera). En ese lapso Uruguay perdió la calificación de «investment grade» que la señalaba como una plaza financiera de las más seguras del mundo, con un riesgo-país de 220 puntos. Hoy en riesgo sólo es superado por la Argentina y Nigeria y mide más de 2.000 puntos.
Del daño que les causó la crisis argentina aprendieron algo: no había que copiar ninguna de las soluciones que aplicó el gobierno de Eduardo Duhalde. Entonces, pese a que 85% de los créditos son en dólares, no pesificaron. El dólar subió 70% y se negocian más cuotas, menos tasas y se acaba de sacar el IVA de 23% a los intereses bancarios. Además devolvieron de entrada todos los depósitos en cuenta corriente y caja de ahorro para no cortar la cadena de pagos. En el «corralito» sólo hay plazos fijos en dólares. Esto explica la ausencia de «cacerolazos». Tampoco sancionaron ninguna ley que suspenda las quiebras: se ejecuta a quienes no pagan o dan cheques sin fondos. En estos momentos las convocatorias y quiebras son récord en Uruguay.
Pero el virus argentino está presente como nunca en los bancos uruguayos. Por empezar, ya no prestan más. En las casas matrices les dijeron que recuperen depósitos y cobren los créditos que dieron antes de encarar nuevas operaciones.
Si alguien necesita dinero y va al banco, lo desalientan: para un préstamo personal en pesos uruguayos (no hay más créditos en dólares por el riesgo cambiario) se les pide una tasa de 200% anual. Sólo toman créditos en dólares los operadores. Tienen un gran negocio. Desde hace 3 semanas el dólar está tranquilo en Uruguay. Entonces toman dólares a tasas absurdamente caras de entre 12% y 18% anual y los recolocan en Letras del Tesoro a 7 días con garantía del Estado que dan tasas de 130% anual. Durante una semana, ruegan que no suba el dólar, porque no hay mercado futuro para asegurar el precio de la divisa.
Es tan evidente la ausencia de crédito que hace unos días la Municipalidad de Maldonado, de la que depende Punta del Este, llamó a licitación para conseguir fondos. Necesitaban dinero para pagar los sueldos, porque la recaudación les bajó a la mitad. La licitación fue declarada desierta: no se presentó ningún banco a ninguna tasa.
«Nos preparamos para tener un sistema financiero más chico y el drama es que van a sobrar empleados. Sólo los bancos suspendidos tienen mil de los 5.400 empleados que hay en el sistema. La banca oficial no puede echar a nadie porque la ley de estabilidad del empleado público se lo impide. Para despedir a un empleado público hay que hacer un sumario y la expulsión la debe aprobar el Congreso», explicó un consultor de bancos.
Esta paralización del sistema financiero tiene costos que se ven en Montevideo a cada cuadra. En el centro de la ciudad hay más de mil locales comerciales cerrados y es imposible realquilarlos. Para Montevideo es una cifra enorme y desproporcionada. Pero no hay consumo y por eso cerraron negocios de venta de electrodomésticos, computación, ropa y zapaterías, fundamentalmente.
Los salarios fueron rebajados entre 5% y 10%. Esta caída se acentuó con una inflación de 23% en lo que va del año. La desocupación creció a 17% y la subocupación es imposible medirla. Además desaparecieron todas las remuneraciones en dólares que antes eran frecuentes en grandes empresas. Hoy todos los sueldos son en pesos uruguayos. El año pasado, hasta los yeseros y plomeros cotizaban trabajos en casas y oficinas en dólares.
Por eso hoy ellos desean tanto o más que los argentinos que tengan buenos gobiernos. Hay argentinos que hacen vulnerable el mejor de los sistemas financieros.




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