Grupo terrorista para varios países de Occidente, resistencia legítima para sus defensores y partido político legal con un activo rol de ayuda social para sus simpatizantes de la comunidad chiita libanesa, Hizbollah constituye un fenómeno difícil de definir, aunque cualquier intento serio de hacerlo debe tomar en cuenta todas esas facetas.
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Hizbollah, Partido de Dios en árabe, fue fundado en el Líbano en 1982 con el objetivo declarado de combatir al ejército israelí, que en ese momento ocupaba el país. Con el tiempo, la ocupación israelí se restringió al sur del Líbano, donde Hizbollah siguió operando como una guerrilla cada vez más fortalecida gracias a sus lazos con Siria y el régimen teocrático de Irán, chiita como ella y de donde provienen su inspiración ideológica, buena parte de sus recursos económicos y sus armas. Su golpe militar más espectacular se produjo en Beirut el 23 de octubre de 1983, cuando un atentado con camión bomba provocó la muerte de 241 marines estadounidenses y de 58 paracaidistas franceses, enviados por la ONU al país. Ese hecho desencadenó la salida de las fuerzas internacionales.
El acuerdo de Taif de 1989, patrocinado por Arabia Saudita y por el que el Líbano dejó atrás quince años de una trágica guerra civil interconfesional, dispuso el desarme de todas las milicias que operaban en el país. La excepción fue Hizbollah, autorizada a sostener la resistencia contra Israel en la zona sur. Esto explica que aún hoy mantenga su poder de fuego, que utiliza ahora para saldar cuentas con su otro gran enemigo: el gobierno pro occidental del moderado primer ministro Fuad Siniora.
En buena medida, debido al acoso de Hizbollah, Israel retiró a sus fuerzas del sur del Líbano en mayo de 2000, un hecho que fue presentado al mundo musulmán por ese grupo islamista como una prueba de su triunfo. Esto alimentó su mito e incrementó su popularidad, pero no puso fin a sus actividades armadas. La excusa dada por Hizbollah para sostener su estructura militar fue entonces su reivindicación como territorio libanés de un pequeño enclave que siguió en manos de Israel, las Granjas de Chebaa, una región de apenas 20 kilómetros cuadrados que el Estado hebreo ocupó en 1967 y cuya soberanía adjudica a Siria.
Sin embargo, las razones para que el ejército libanés no forzara la desmovilización de Hizbollah eran más profundas, y estaban dadas por la fenomenal estructura militar que el Partido de Dios había creado, superior incluso a la de las fuerzas regulares, sumidas en la impotencia.
Hizbollah es, además, un partido político reconocido en el Líbano, mayoritario entre la comunidad musulmana chiita y que participa regularmenteen las elecciones locales.Su programa proclama la creación de un Estado islámico en el Líbano al estilo del iraní. Además, cuenta con una red de medios de comunicación liderados por la cadena televisiva Al-Manar, que expresa su línea política extremista. Es también muy activo en el plano social, proveyendo a su comunidad de servicios médicos y educativos y hasta obras de infraestructura, supliendo las carencias del Estado libanés gracias, entre otras fuentes, al abundante financiamiento iraní.
Emboscada
Tras la salida del ejército israelí, Hizbollah se adueñó por completo del sur del líbano, desde donde realizó incursiones y practicó el lanzamiento de misiles contra la población civil del norte de Israel. Una emboscada contra una patrulla israelí en julio de 2006, que dejó ocho soldados muertos y dos capturados, desencadenó una furiosa ola de ataques militares hebreos que, pese a lo declarado inicialmente, no lograron desarticular a Hizbollah. El grupo chiita proclamó una vez más su triunfo, pero el precio de esa guerra fue trágico en cuanto a la pérdida de vidas civiles y de destrucción de la infraestructura libanesa, por lo que muchas voces se alzaron internamente contra Hizbollah, acusándolo de tener a todo el país como rehén y de actuar como instrumento de Siria e Irán.
Aunque públicamente proclama no actuar militarmente fuera del Líbano, las acusaciones de que practica el terrorismo internacional son fuertes. Entre otros hechos se le adjudican los atentados contra la Embajada de Israel en Buenos Aires de 1992 (29 muertos) y el ataque a la AMIA de 1994 (85 víctimas fatales). EE.UU. e Israel permanentemente denuncian su infiltración en la zona de la Triple Frontera, pese al escepticismo de los gobiernos de la Argentina, Brasil y Paraguay.
Los especialistas dieron especial relevancia a la amenaza de su líder, Hassan Nasrallah, de llevar adelante una «guerra abierta» contra Israel debido al asesinato en Damasco de uno de sus principales dirigentes, Imad Mughnieh, del que acusó al Mossad. Esa declaración fue interpretada como el inicio de una internacionalización de las actividades terroristas del grupo.
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