18 de octubre 2006 - 00:00

Los virus ocultos que no delatan los exámenes

Si uno revisa los informes técnicos de todos los economistas argentinos, observará que entre ellos y los distintos empresarios del país se hacen las mismas preguntas. Entonces, en lugar de ofrecer un retrato mensual del fenómeno económico local, como suele introducirse en esta sección de «El economista del mes», Luis Secco -profesor universitario, ex economista jefe del estudio Broda, ex asesor de Fernando de la Rúa y hoy consultor de Deloitte- prefirió responder y responderse a ese interrogatorio general, casi una satisfacción a las inquietudes de cualquier encuesta.

Los virus ocultos que no delatan los exámenes
Diez preguntas para saber dónde estamos y qué puede pasar en materia económica

1) ¿Se acabó el viento de cola producto de circunstancias externas excepcionales?

A pesar de los vaivenes en el escenario internacional desde principios de mayo 2006 hasta la fecha, todo parece indicar que el favorable contexto externo continuará en los próximos trimestres, aunque quizás con menor intensidad a la que tuvimos en los últimos 3 años.

La clave para el próximo año pasa por la evolución de la economía norteamericana (en su rol de principal motor de la economía mundial) y por los efectos que una eventual desaceleración (suave o fuerte) de ésta pueda tener sobre el crecimiento global. En la actualidad, la opinión generalizada de analistas e inversores se inclina hacia un escenariocon un aterrizaje suave de la economía norteamericana y un desacople entre este fenómeno y la marcha de la economía mundial. Sin embargo, subsisten algunos factores que pueden afectar este auspicioso panorama para el año próximo, como son los riesgos asociados a los desbalances mundiales, la incógnita que representa China y su rol en la economía mundial, un nuevo salto en los precios de la energía, y/o los riesgos geopolíticos.

2) ¿Se desacelera la expansión del nivel de actividad?

Si bien en algunos sectores se observan niveles de venta por debajo de los esperados, la recuperación sigue gozando de buena salud. Luego de 17 trimestres consecutivos de expansión, el nivel de actividad continúa a un ritmo sorprendente. El crecimiento del PBI no da señales evidentes de desaceleración, con tasas que se mantienen en niveles elevados, como si la recuperación recién hubiese comenzado.

Todos los indicadores disponibles (públicos y privados) muestran que el nivel de actividad ha venido creciendo en los primeros 8/9 meses del año a una tasa del orden de 7/8% interanual, apenas un punto porcentual por debajo de los registros correspondientes al mismo período de 2005. Y, aún en un escenario internacional más complicado que el actual en materia de crecimiento, lo más probable es que la recuperación continúe a buen ritmo gracias a las políticas pro nivel de actividad que han venido aplicando las autoridades económicas.

El único punto débil está del lado de la rentabilidad, pero por el momento el aumento de las cantidades vendidas permite compensar el efecto negativo de márgenes unitarios más bajos sobre los flujos de caja.

3) ¿Y la inflación? ¿Los controles llegaron para quedarse o son transitorios como dice la ministra Miceli?

Está claro, a partir de los resultados del IPC en lo que va de 2006, que los controles han sido efectivos para mantener al incremento del índice de precios por debajo del +1,0% mensual (aunque los precios del conjunto de bienes y servicios que aún no cuenta con acuerdos crecen a una tasa cercana a +15,0% anual). El «éxito» de los controles ha llevado al gobierno a incrementar la cantidad de bienes cuyos precios están alcanzados por los mismos, a punto tal que, de 13,0% de productos incluidos en los acuerdos de precios a fines de 2005, hoy el IPC ya contiene 34,0% de sus productos dentro de algún acuerdo/control de precios. Ahora bien, si la inflación estuviera bajo control, resultaría difícil explicar esta tendencia a incrementar la cantidad de bienes objeto de controles. De hecho, ciertos controles podrían justificarse en la medida que permiten «comprar» tiempo para hacer la tarea donde corresponde: reducir el sesgo expansivo de la política monetaria y de la política fiscal, generando, al mismo tiempo, las condiciones para una expansión sostenida de la oferta (vía un proceso generalizado y continuo de inversiones), de forma tal de darle sustento al carácter transitorio de los controles. Mucho de esto aún no se hizo, o se hizo sólo parcialmente. Más aún, acuerdos celebrados recientemente, y que durarían hasta pasadas las elecciones presidenciales del próximo año, ratifican la idea que muchos de los acuerdos están para quedarse.

4) ¿Hay algún cambio en materia monetaria?

No se percibe que el BCRA haya dado un giro significativo al grifo expansivo que ha venido mostrando la política monetaria desde 2004. Producto de la estrategia de acumular reservas, la tasa de expansión del agregado monetario amplio (M2) se ubica en 21% anual. La política monetaria convalida las presiones inflacionarias que se generan a partir de los desacoples en la tasa de expansión ex ante entre demanda agregada y oferta. Y si bien puede ser cierto que no es la causa principal de la inflación, tampoco hace nada para contenerla.

5) ¿Y en materia fiscal?

El comportamiento del superávit fiscal desde el último trimestre de 2004 resulta elocuente para caracterizar a la política fiscal que llevan adelante la Nación y las Provincias. El acumulado de 12 meses del superávit primario consolidado (Nación + Provincias) pasó de representar un 6,3% del PBI durante el tercer trimestre de 2004 a 3,8% del PBI en el 2º trimestre de 2006.

Asimismo, y producto de una expansión del gasto que continúa superando el crecimiento de los ingresos, el tamaño del sector público es similar al que se registraba hacia fines de los 90. El gasto primario consolidado representó en 2005 24,8% del PBI, ratio que resulta sólo levemente inferior a 25,1% y 25,0% registrados en 1999 y 2001, respectivamente.

Además no es sólo el gasto en inversión o en obras públicas que aumenta, sino que los ítems más «permanentes» (como remuneraciones, jubilaciones y subsidios) también crecieron significativamente a lo largo de los últimos trimestres.

Hay quienes sostienen que, dado el relativamente bajo perfil de vencimientos de deuda a corto plazo que quedó tras el canje de deuda, un ahorro primario consolidado de 4,0% del PBI es más que suficiente y que, por tanto, no hay nada de que preocuparse en materia fiscal. Si bien parte de dicho argumento es cierto, ello no implica que, en algunos aspectos, la cuestión fiscal genere preocupación. Para aquellos que empezamos a estar preocupados por la cuestión fiscal existen dos razones para ello: 1) la progresiva erosión del superávit primario consolidado resulta inconsistente con el objetivo de contener la inflación; y 2) la «foto» es buena, pero la «película» no tanto: la dinámica de ingresos y gastos no asegura que el superávit primario se estabilizará en los niveles actuales, de no mediar un cambio profundo en materia de evolución del gasto es probable que la situación fiscal se deteriore adicionalmente, lo que nos dejaría con pocos márgenes para llevar adelante una política fiscal contra cíclica cuando el ciclo se invierta.

6) ¿La inversión es suficiente o es cierto que todavía hace falta más?

La inversión ha venido creciendo sostenidamente desde mediados de 2002 (+173,2% desde principios de 2002, contribuyendo con casi 50% a la expansión del PBI en el período), lo que sin dudas significa una muy buena noticia. Sin embargo, ello no implica de ninguna manera que no deba seguir aumentando. Para juzgar si el nivel de inversión es el adecuado no basta con mirar la razón Inversión/PBI, también hay que tener en cuenta la brecha del producto y la cantidad de capital por trabajador ocupado. En estos dos últimos casos, los resultados indican que hace falta más inversión.

En cuanto a la brecha del producto, desde el 2º trimestre de 2005 la economía se encuentra creciendo por encima de su «potencial». Si bien dicha situación es sostenible por algún tiempo, no puede mantenerse indefinidamente: en la medida que el producto potencial no se incremente lo suficientemente rápido, la expansión de la actividad económica tarde o temprano deberá adecuarse a la dotación de factores existentes.

Al mismo tiempo, la relación capital trabajo si bien se recupera marginalmente, se encuentra en niveles muy bajos. El stock de capital reproductivo por trabajador ocupado detuvo su caída en 2005 (período en el que se produjo una muy leve mejora de +1,0% con respecto a 2004), y se encuentra -13,0% y -18,3% por debajo del nivel que existía en 1997 y 2000, respectivamente. Esta situación juega en contra de la posibilidad de incrementar en forma genuina los salarios reales de una gran cantidad de trabajadores, sobre todo los de aquellos que se encuentran en el sector informal de la economía.

7) ¿Se acabaron los ciclos de stop-go o en algún momento el sector externo le pondrá límites a la expansión?

La Argentina experimentó un saldo superavitario récord en la cuenta corriente de la Balanza de Pagos en el peor momento de la crisis, el cual ha venido cayendo gradualmente. Este comportamiento no es extraño y se explica básicamente por la relación negativa existente entre crecimiento del PBI y el saldo de la cuenta corriente del Balance de Pagos. Cuando el PBI se desploma, producto de una contracción de la demanda agregada interna, se genera un exceso de ahorro interno que financia la salida de capitales propia de este escenario, cuyo reflejo es el superávit de cuenta corriente. Sin embargo, a medida que la demanda agregada interna y la economía se recuperan, no sólo el ahorro se reduce (producto del aumento del consumo), sino que una porción creciente del mismo se destina a financiar el aumento de la inversión, por lo que el saldo superavitario externo necesariamente se reduce. Pero esta dinámica no puede continuar para siempre, a menos que la falta de ahorro interno se sustituya con ahorro ( financiamiento) externo, que financie la expansión de la demanda agregada. Frente a esta situación, no luce casual la impronta que las autoridades le quisieron dar al último viaje que el presidente Kirchner realizó a Nueva York, en el que el objetivo central fue intentar recomponer la imagen de la Argentina frente a los inversores internacionales. Aún así, no existen certezas sobre la verdadera predisposición que tienen los inversores internacionales para financiar el crecimiento argentino.

8) ¿De nuevo la restricción energética?

La inversión insuficiente y las dificultades que existen para financiarla localmente se manifiestan de manera más evidente en la escasez de inversiones en infraestructura básica y, sobre todo, en materia de provisión energética. La Argentina creció en forma excepcional en los últimos cuatro años, pero, lamentablemente, este proceso no estuvo acompañado con suficiente inversión en materia energética. Según los especialistas en la cuestión, aún subsisten muchas dudas de si se dispondrá o no de generación eléctrica suficiente, de gas o gasoil y, si la tuviéramos, tampoco existen certezas en cuanto a la capacidad para transportar dicha energía (en especial gas) donde haga falta.

Es cierto que el problema se genera porque la economía crece (y mucho) y que, si estuviéramos en recesión, no existiría un problema energético, pero eso no quita que hubiera sido mejor empezar a hacer los deberes en el momento en que la economía ya crecía a muy buen ritmo y aún se contaba con una amplia capacidad ociosa. Hoy los tiempos se acortaron considerablemente y los márgenes de error también.

9) ¿Estamos frente a un cambio de paradigma en materia de crecimiento latinoamericano? ¿Esta vez será diferente?

A nivel regional, si bien durante los últimos años se avanzó mucho en términos de mejora de los fundamentals macroeconómicos, aún hay mucho camino por recorrer. La gran pregunta que hay que responder hoy es si los países de la región podrán seguir creciendo de la forma que lo han hecho recientemente cuando las condiciones que caracterizan a la economía internacional dejen de ser tan favorables. Salvo para Chile (y más recientemente México) este interroganteaún no tiene una respuestadefinitiva.

En el caso particular de nuestro país, cabe preguntarse si se aprendió de experiencias similares anteriores. En tal sentido, parece que se aprendió la lección que si no se respeta la solvencia fiscal se «vuela por el aire» (híper o default), pero parece que cuesta aprender que la micro es importante. Una buena macro puede ser suficiente para lograr una rápida expansión de la demanda agregada por un determinado períodode tiempo y navegar sin dificultades los vientos de un ciclo externo favorable. Pero, una buena macro no es un ticket seguro al éxito en materia de crecimiento económico (que implica mucho más que crecer por cierto lapso acotado de tiempo). Para que éste se torne posible, se requiere también de una buena micro.

La historia económica reciente demuestra que la Argentina, mejor dicho sus gobernantes, no han sido capaces de articular una combinación de políticas macro y micro consistentes. Los años 90 constituyen un buen ejemplo de mala macro (déficit fiscal con convertibilidad) con buena micro (desregulación y apertura). Lo que va de esta década, por su parte, es un ejemplo de mejor macro (superávit fiscal primario) pero con una micro que no ayuda.

10) ¿Cuál es el escenario más probable para lo que resta de 2006 y 2007?

El escenario económico más probable para lo que resta de 2006 y 2007 se caracteriza por una leve desaceleración del ritmo de actividad económica en un contexto caracterizado por:

1) la continuidad del crecimiento a escala global, a pesar de dificultades crecientes de carácter geopolítico (conflicto en Oriente Medio y escalada del conflicto entre las naciones del G-8 y China, de un lado y Corea del Norte, del otro). Si bien puede esperarse cierta desaceleración del crecimiento, producto del esfuerzo simultáneo de varios bancos centrales para mantener la inflación bajo control, no se vislumbra una reducción del crecimiento en el grupo de economías emergentes, como tampoco se prevén caídas importantes de los precios de exportación relevantes para las economías del grupo en general y de la Argentina en particular.

2) Las políticas macrodomésticas tendientes a favorecer el nivel de actividad económica continuarán empujando la demanda agregada, sobre todo a través del consumo (privado y público) y la inversión ( pública). Sin embargo, el énfasis puesto en estos componentes de la demanda agregada tiende a debilitar dos de los pilares del «modelo económico» actual: por un lado se debilita la posición de solvencia fiscal y, por el otro, se debilita el superávit externo.

3) No prevemos cambios significativos de las políticas monetaria y cambiaria. Creemos que el BCRA sostendrá el ritmo de acumulación de reservas internacionales y, por lo tanto, la política monetaria seguirá favoreciendo la expansión del nivel de actividad económica, aun cuando la misma comprometa el control inflacionario.

4) Si bien se prevé una desaceleración de la tasa de inflación, la misma se mantiene en niveles altos, por lo cual no prevemos que la conflictividad laboral se reduzca de manera perceptible. Por su parte, si las cantidades vendidas comienzan a crecer más lentamente, es probable que las «cajas» de las empresas ya no generen las mismas sonrisas. En tal caso, el margen para responder al aumento de la demanda (con inversiones y más mano de obra) y a las exigencias sindicales (con concesiones salariales) se reduciría considerablemente.

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