3 de diciembre 2002 - 00:00

Lula revivió un viejo plan de obra pública

Lula revivió un viejo plan de obra pública
Lejos de cualquier posición ideológica, Luiz Inácio Lula Da Silva dejó ayer en claro cuál es su proyección sobre el rol de Brasil en el continente sudamericano. El presidente electo, además de plantear el relanzamiento del Mercosur como bloque cerrado frente a Estados Unidos y una unión latinoamericana contra los «capitales especulativos», rescató un plan de infraestructura general para América del Sur que hace dos años ideó Fernando Henrique Cardoso y que coloca a Brasil en el centro de la escena geopolítica continental. Las tres ideas fueron expuestas, por ahora vagamente, durante las dos reuniones que Lula tuvo ayer en la quinta de Olivos; una privada con Eduardo Duhalde y otra con colaboradores de los dos políticos. Allí quedó en claro que la idea de las relaciones económicas internacionales del brasileño para su próximo gobierno incluye los siguientes contenidos.
  
• Plan de infraestructura. En setiembre de 2000, en Brasilia, durante la primera reunión de jefes de Estado de América del Sur, Fernando Henrique Cardoso lanzó el llamado Plan de Integración de la Infraestructura Regional, que comprometía fondos por más de 60.000 millones de dólares en 10 años provenientes de préstamos aportados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial (BM). Las crisis económicas continentales, especialmente la de la Argentina del año pasado, hicieron olvidar este plan.

Sin embargo, el lunes pasado, Lula mantuvo una reunión con el titular del BM, James Wolfensohn, en San Pablo y este proyecto fue revivido y adoptado por el próximo presidente brasileño como propio. Lo curioso de este plan es que, si bien abarca obras de infraestructura como caminos, hidrovías, transporte de energía y puertos que comprometen a todos los países de América del Sur, coloca a Brasil en el centro absoluto de la escena geopolítica y económica, concentrándose incluso en el eje Rio de Janeiro-San Pablo-Santos.

La Argentina ingresa en el plan dentro de la mejora de la Ruta del Mercosur, que incluye Mendoza, Córdoba, Buenos Aires y la Mesopotamia. Más allá de este proyecto (y de las mejoras en la hidrovía Paraguay-Paraná), la Argentina no tendría mayores beneficios por el plan, que colocaría a Brasil en una situación de preferencia. Esta consecuencia fue en su momento defendida por el propio titular del BID, Enrique Iglesias, que afirmó: «Esta actitud no debería sorprender ya que es inevitable para cualquiera que sepa geografía que Brasil está en el centro de la escena y que naturalmente será el eje de la integración en infraestructura».
  
Mercosur. Lula entiende que en el corto plazo y en las actuales circunstancias será muy difícil, más allá de las declaraciones de ocasión, que el Mercosur avance en un mayor grado de integración comercial y mucho menos en una unión monetaria. Sin embargo, el presidente electo tiene en mente otra misión para el bloque: presentar una posición unida y sólida contra Estados Unidos en las negociaciones del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Lula quiere que EE.UU. descuente que los votos de los cuatro miembros del Mercosur, incluyendo Chile y Bolivia, seguirán la posición brasileña en contra del grado de apertura que pretende el gobierno de George W. Bush. A priori, esta actitud se enfrenta con la de la Argentina, que durante el gobierno de Eduardo Duhalde maneja el vicecanciller Martín Redrado y que sigue la teoría «país por país, producto por producto».
 
Frente anticapitales especulativos. El presidente electo blanqueó ayer en Buenos Aires públicamente por primera vez este proyecto, conocido en Brasil durante la campaña electoral. Se trata de una especie de unión a nivel continental que imponga la obligación de que ningún capital pueda ingresar en la región a no ser que permanezca durante un tiempo de por lo menos un año dentro de los diferentes sistemas financieros. Según Lula, este tipo de movimientos financieros fue el enemigo declarado que debería haberse combatido durante la década del '90 y que, más allá de no haberse aplacado estas oleadas de dinero, la región debería estar preparada para controlarlas a tiempo. Lula toma el proyecto de la ley que rigió durante los '90 en Chile y que imponía la obligación para los capitales de permanecer dos años (luego reducido a uno) en ese país, con la intención de evitar maniobras especulativas.

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