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9 de enero 2004 - 00:00

Mala praxis con deuda acorrala ya a Lavagna

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Entre las previsiones de Lavagna, por lo visto, comenzó a ganar espacio la idea de que el Fondo Monetario Internacional podría endurecer su posición frente a la Argentina por la demora del gobierno en formular una oferta razonable a los acreedores. No sólo en el memorándum de entendimiento con el Fondo la Argentina se había comprometido a avanzar en esa negociación. El organismo multilateral debe justificar también ante la comunidad internacional por qué le presta dinero o refinancia las deudas de un país cuyo gobierno no demuestra voluntad de cumplir con sus obligaciones. El ministro sostiene en su nota que hubiera sido imposible cerrar un acuerdo con los acreedores sin hacerlo antes con el Fondo cuando, en rigor, la secuencia lógica y tradicional sería la contraria: lo raro del caso argentino es que el Fondo le preste dinero o le refinancie deudas a un país que está fuera de regla con el sistema internacional desde que declaró el default. Además de ser un prestamista, la entidad que conduce Horst Köhler es un organismo de auditoría, encargado de garantizar a estados y particulares que un país está en condiciones de ser sujeto de crédito.

Por eso casi toda la política del ministro de Economía está destinada hoy a justificar esa tardanza (sobre todo delante de Néstor Kirchner, quien este mes estará en Monterrey y en Davos escuchando opiniones calificadas sobre este proceso) y, al mismo tiempo, acelerar las tratativas. La tarea que encuentra a Lavagna y a Guillermo Nielsen más activos es la formación del comité de los bancos encargados de canjear los bonos defaulteados por los nuevos que ofrezca el gobierno. Les corresponderá a esas entidades una responsabilidad principal: detectar a los bonistas y atraerlos hacia un canje que hasta ahora no convence a nadie.

El formato original que habían pensado para esa selección será seguramente modificado. Ya no será posible delegar esa misión en uno o dos bancos por continente. Instituciones importantes como JP Morgan-Chase, Citigroup o Deutsche resolvieron no participar del comité. Otras, como Merrill Lynch o CS First Boston fueron descartadas desde el comienzo por el ministerio (ambas estarían contaminadas de «cavallismo», la primera por la participación de Jacob Frenkel en la relación con el ex ministro de Economía, la segunda por su papel durante la gestión 1991-1996, con David Mulford a la cabeza).



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