Cada vez que surgen datos alentadores de la economía, crece el rechazo de los acreedores a la oferta por la deuda. Ya pasó con el fuerte crecimiento del PBI en los últimos dos años. Ahora, con las reservas en u$s 20.000 millones, más justificativos esgrimen los representantes de bonistas para presionar por una menor quita. Es el costo por la demora de Roberto Lavagna -dos años y medio- en comenzar a resolver en forma seria la renegociación de la deuda en default. Ayer, en las presentaciones que hizo el GCAB (el Comité Global de Acreedores) en el marco de su anti-road show, se esgrimió el aumento de las reservas internacionales del Banco Central como motivo para rechazar la oferta. El resultado del proceso aún es incierto, ya que todo dependerá de cuanto suceda en la última semana de oferta. Grandes fondos de inversión esperarán hasta entonces. Aquí sigue adhesión de bonistas locales, pero en forma muy gradual. Seriamente, no se puede estimar ningún porcentaje de aceptación. Un dato importante es que todos los sábados el gobierno está obligado a informar a la Consob, el organismo que supervisa mercados en Italia, el porcentaje de adhesión obtenido. Transparentará el flujo de información.
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