3 de noviembre 2003 - 00:00

Mapa del comercio mundial: ricos, pobres y regulares

Río de Janeiro, Brasil - El fin de la Guerra Fría terminó con la división Este-Oeste y puso de moda la idea de una división Norte-Sur. Olvídense del comunismo contra el capitalismo. Ahora se trata de ricos contra pobres. Pero aun cuando los negociadores continúan buscando un sistema de comercio global que pudiera elevar a las economías en ambas categorías, la idea ahora parece estar reventando. Justo cuando las antiguas alianzas militares están cambiando, las familiares alianzas y rivalidades comerciales están mutando o disolviéndose bajo presiones mucho más fuertes que la ideología: en este caso, la competencia por las utilidades y los mercados. Esta semana en Washington y, posteriormente, este mes en Miami, ministros de Comercio de todo el continente americano se reunirán de nuevo para tratar de ajustar las reglas que regirían el libre comercio en el hemisferio, y los intercambios prometen ser mordaces. La perspectiva de un acuerdo global o incluso un pacto hemisférico como el proyecto consentido de Washington -el Area de Libre Comercio de las Américas, ALCA- parece estar retrocediendo, reemplazada por un panorama fragmentado en el cual el resentimiento y la amargura establecen el tono. Eso se volvió claro cuando las 146 naciones que conforman la OMC se reunieron en Cancún, México, para negociaciones destinadas a reducir las barreras al comercio. Las conversaciones fracasaron en medio de acusaciones mutuas de mala fe. Un factor fue que Estados Unidos y otras naciones industrializadas insisten en el derecho de continuar subsidiando a sus propios productos agrícolas. Pero también hubo un nuevo acontecimiento asombroso: el surgimiento de una coalición de naciones no tan pobres que ya no se adaptan al perfil de ricos o pobres. Haciéndose llamar el Grupo de los 20-plus, el bloque fue concebido por Brasil e India como una forma de unir a las naciones grandes, ricas en recursos y económicamente dinámicas del Sur (una etiqueta no estrictamente geográfica ya que incluye a China así como a Indonesia, Tailandia, Sudáfrica, Nigeria, México y Argentina).

Estados Unidos y Europa, enfrentados con una oposición más cohesiva y vocal de la que estaban acostumbrados, respondieron con petulancia. «La articulación improvisada encabezada por Brasil es algo de otro planeta», dijo Franz Fischler, el comisionado agrícola de la Unión Europea. «Necesitan regresar a la Tierra rápidamente.» Pero Charlene Barshefsky, quien fue representante comercial estadounidense en el gobierno de Bill Clinton, ve a la coalición encabezada por Brasil como un desarrollo lógico; «un centro de poder adicional, mucho mejor organizado y más astuto», con una apuesta en el sistema de comercio mundial.

En ese contexto, las conversaciones de Cancún también fueron notables por el golfo que surgió entre el Grupo de los 20-plus y el resto de lo que se conoce como el mundo en desarrollo. La conferencia fue frenada -en torno de la cuestión de los subsidios agrícolas estadounidenses y europeos- no por Brasil y sus aliados, sino por una coalición separada más grande de países menos desarrollados, principalmente africanos y caribeños, que se sentían privados de derechos e ignorados.

• Estrategia

El peligro ahora, especialmente para las naciones más débiles, es que las conversaciones sobre comercio se transformen en lo que el economista Jagdish Bhagwati llama un «tazón de espagueti de acuerdos bilaterales y regionales». Ya existen más de 300 de esos acuerdos, cada uno con un conjunto de reglas ligeramente diferentes. La estrategia actual del gobierno de George W. Bush parece ser dividir y conquistar. Los miembros del nuevo bloque también parecen estar adoptando un enfoque de mezcolanza, buscando nuevos patrones comerciales entre ellos mismos que tengan sentido político aun a costa de la eficiencia económica. La coalición ha forzado a Estados Unidos, Europa y Japón a tomar nota y reconsiderar sus planes. No habla con una sola voz sobre todo lo importante.

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