En principio, podemos descartar la idea que esbozaron muchos analistas, que el mercado había decidido entrar en una fase de descanso luego de la suba de las últimas dos semanas. Aunque por otro lado, el magro 0,08% que ganó el Promedio Industrial (cerró en 10.724,63 puntos) o 0,22% que ganó el NASDAQ no nos impulsan a afirmar que estamos en un proceso eufórico de suba. A esta altura del partido, volver a señalar que la mayoría de los datos financieros y económicos que se dieron a conocer durante la rueda fue positiva no debería sorprender a nadie. Sin embargo, en poco y nada parecieron contribuir para elevar el valor de las acciones. Es así como ya antes de la apertura, la mayor parte de los balances que ingresaban seguía superando las previsiones de los analistas y a pesar de ello el mercado arrancó en baja. Es cierto que si bien ya 64% de los integrantes del S&P 500 dio a conocer sus estados contables y éstos superaron las expectativas, de todas formas enfrentamos el problema que las proyecciones de crecimiento para el nuevo año son de apenas la mitad que las de 2004. Pero esto forma parte de una realidad que ya fue debidamente anticipada y no explica por qué las cotizantes deban retroceder por ello cuando un crecimiento de más de 20% en las ganancias es algo que se vio sólo en cinco oportunidades durante el último medio siglo. Para peor, esto se viene dando en un escenario en el que el petróleo continúa retrocediendo día a día (ayer bajó a u$s 45, el mínimo en treinta días, aunque cerró algo por encima de este valor), mientras el dólar sigue avanzando contra las principales monedas.
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