Más nerviosismo que un real temor

Economía

No es que los hechos no fueran suficientemente graves como para justificar con ellos una baja accionaria. Pero la realidad es que ninguno de ellos fue realmente novedoso e, incluso, si se quiere, se pueden interpretar como favorables. Claro que para que lo sean, depende todo de la tozudez de las partes. La idea es que el incremento de las tensiones entre Irán y los EE.UU. derivó en una suba del precio del petróleo (el contrato fin de mayo sobre el WTI terminó el día en u$s 68,98 por barril, nuevo máximo desde el 1 de setiembre pasado), golpeando ambos factores al mercado bursátil. Así, lo que en los primeros cinco minutos de operaciones era una suba de 0,4%, para las Blue Chips (suba que se abortó apenas se supo que el presidente iraní daría una conferencia televisiva para hablar del desarrollo de su plan nuclear) terminó como una baja de 0,46% al cerrar el Promedio Industrial en 11.089,63 puntos. Es cierto que los números no son nada extraordinario, pero no deja de ser una pena (decimos "pena" al circunscribirnos a lo que nos toca, ya que con tantas vidas en juego, sólo puede definirse como "un horror") que se desperdiciara el efecto "alcista" que podrían haber inducido la baja en la tasa de los bonos del Tesoro (a 10 años retrocedió a 4,932% anual) y el que Alcoa disparara la temporada de balances anunciando las mayores ganancias cuatrimestrales en su historia. Si revisamos la historia, el mercado financiero no parece ser capaz de predecir hechos "históricamente relevantes", por lo que tal vez sea más adecuado sugerir en lugar de precipitar una baja; lo que hizo la situación geopolítica es reavivar el nerviosismo de los inversores. Un nerviosismo que responde tanto, o aún más, a la suba de los commodities, el incremento inflacionario y la posibilidad de balances no tan buenos.

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