28 de diciembre 2005 - 00:00

Miceli dijo no a la CGT (pero Moyano espera nueva "caja")

Hugo Moyano visitó a Felisa Miceli, quien se negó a todos los pedidos de la CGT. La suba en el mínimo no imponible de Ganancias quedó como caso de estudio, igual que la reforma en el régimen de riesgos del trabajo. La ministra -¿se convertirá para los sindicalistas en una versión de «la Piba», como la llamaban a Patricia Bullrich?- no habló de aumentos a jubilados y apenas se inquietó por los reproches al trabajo en negro. ¿Aumento del salario mínimo, vital y móvil? Ni se tocó el tema.

Felisa Miceli y Hugo Moyano.
Felisa Miceli y Hugo Moyano.
Ya constituye un lugar común señalar que Néstor Kirchner disfruta abrazando a aquellos a quienes, poco tiempo atrás, fustigó hasta doblegar. Lo que está menos visto es que también sus subordinados aplican el método. Es habitual que los ministros imiten a los presidentes, y ayer, reunida con la CGT, Felisa Miceli cumplió con esa ley. Cuando Hugo Moyano y su séquito sindical llegaron al despacho del 5° piso del Palacio de Hacienda se encontraron detrás de la puerta, recibiéndolos, al bancario Juan José Zanola. Hace apenas meses Miceli se había propuesto destronar a ese gremialista, quien salvó la vida abrazándose a Cristina Kirchner en plena campaña electoral porteña ( Zanola es un experto en supervivencia: ya había zafado de las garras del iracundo Domingo Cavallo en 1996, con lo que Miceli fue un juego de niños). Lo cierto es que ayer parecía el dueño de casa.

Del otro lado, en la antesala, Hugo Moyano y una parte del consejo directivo de la CGT llegaron a una reunión cuyo objetivo no conocían del todo. Quedaron en ayunas también al salir del lugar: con buenos modales, la ministra le dijo que no a todo lo que reclamaron. Eso sí, prometió estudiar punto por punto. En esto también imitó a Kirchner, quien se mostró igualmente restrictivo cuando los mismos jerarcas sindicales lo visitaron en la Casa Rosada para demandar ante él y Alberto Fernández.

Los motivos para pedir son siempre los mismos. Como en tiempos de Saúl Ubaldini, cuando recorrían los despachos del alfonsinismo con sus «26 puntos», ahora los gremialistas golpean en todas las puertas con una lista más modesta: apenas 5 cuestiones.

Comenzaron por la más simpática, al menos para ellos: le solicitaron a Miceli que se eleve el mínimo no imponible para pagar Ganancias. Es un reclamo inconsistente, ya que los diputados de la CGT votaron en contra de esa medida en el Congreso, cuando se discutió el Presupuesto.La ministra no fue hostily omitió esa incongruencia que, dicho sea de paso, fue un tributo de Moyano al gobierno a costa de sus propios representados. Claro, tampoco quedaba bien agradecer. Por eso todo quedó en una declaración de buenas intenciones. Miceli dijo que compartía el criterio de reducir la carga tributaria sobre los que ganan sueldos de $ 1.800. Pero también consignó que el Presupuesto del año próximo fue elaborado tomando en cuenta los ingresos derivadosdel Impuesto a las Ganancias tal cual rige ahora. En consecuencia, «habrá que seguir estudiando» recomendó la economista, como quien manda a un alumno a marzo.

• Régimen

Con el régimen de riesgos del trabajo sucedió exactamente lo mismo. La funcionaria concedió que la Corte dio prácticamente de baja el sistema con sus fallos sobre indemnizaciones. «Hay que pensar otro régimen, en el que las empresas tampoco puedan eximirse de la responsabilidad tercerizando los servicios que contratan», dijo la ministra. De esta cuestión se pasó a la de los precios. Moyano balbuceó que los salarios no producen inflación, pero Miceli lo contradijo: «Si uno inyecta más dinero en el mercado, los precios van a subir, sobre todo si no se induce a una mayor oferta de bienes», predicó, adoptando un criterio que el gobierno no aplica para la política monetaria, claro. ¿Moyano? Un gatito. Prefirió salir por la tangente de quejarse por el trabajo en negro, una zona de convivencia saludable con la ministra, ya que el fisco también se perjudica con la evasión de aportes patronales. El pacifismo del camionero tiene causas bastante evidentes: le prometieron que participará en el manejo de los subsidios a las obras sociales sindicales ubicando al abogado Juan Rinaldi en el directorio donde se decide el manejo de esos fondos.

Durante la entrevista, Micelifue aplicando el mismo tono dilatorio pero comprensivo para los demás problemas: aumento de los haberes jubilatorios y del salario mínimo vital y móvil.

Más allá de los largos discursos de Julio Piumatto y de la cordialidad con Zanola, no hubo en el encuentro demasiados motivos de interés. Moyano se fue sin saber para qué había llegado. El que sí supo fue Andrés Rodríguez, el «Centauro». Fue él quien llevó a los demás gremialistas al encuentro con la ministra, que resultó en un nuevo fracaso de la conducción sindical.

Rodríguez, quien representa a los empleados públicos a través de UPCN, está por firmar la paritaria de la administración estatal con el gobierno.

Negoció el convenio con el secretario de la Función Pública, Juan Manuel Abal Medina (h), pero le faltaba el visto bueno de Miceli para una fenomenal transferencia de recursos a su sindicato. Es que en la transacción con Abal Medina el «Centauro» consiguió que le deriven 0,2% de la masa salarial de los empleados públicos en concepto de capacitación. Ayer hizo méritos. Tal vez mañana consiga esa «caja». Como se ve, Kirchner está conquistando a los gremialistas de a uno, tocando «la víscera más sensible», como llamaba el General al bolsillo.

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