El domingo por la tarde, con el viaje de Rafael Bielsa a Nueva York, comenzará la operación de lanzamiento internacional del gobierno en la ONU, a la que se sumarán Néstor y Cristina Kirchner el martes a primera hora (viajan el lunes a las 19). Kirchner se presentará ante la Asamblea General el miércoles y se espera que hable de la deuda. Cristina Kirchner prevé una entrevista con Hillary Clinton, el jueves. Y Bielsa se sacará una foto con Woody Allen. ¿Encuentro con George W. Bush? Sólo uno colectivo, durante una recepción ofrecida a los jefes de Estado, el martes.
Una vez que escuchó ese resumen, Kirchner partirá hacia la sede de la ONU a presenciar algunos discursos y a las 13.15 participará del almuerzo que el secretario general Koffi Annan ofrecerá a los presidentes que asisten a la asamblea. A las 15 el Presidente tomará uno de los hilos de su viaje: el que hilvana encuentros con varios mandatarios del norte de Africa. En este caso, el rey Mohamed VI de Marruecos (están previstos encuentros con el presidente de Túnez y de Argel). Habría que prestarle atención al detalle: Bielsa propuso que fuera Marruecos quien eventualmente sirva de mediador para recomponer las relaciones con Irán, rotas desde que fue capturado en Londres el ex embajador de ese país en Buenos Aires, por un pedido de la Justicia argentina que lo supone vinculado al atentado contra la AMIA.
A las 16.30 de ese martes, tendrá su primera incursión en escena Cristina de Kirchner, cuando ingrese en la residencia de los Annan para que Nane, la esposa del secretario general agasaje a las primeras damas con un té. A esa hora, Bielsa estará conversando con la canciller de Austria, Benita Ferrero Waldmer y el Presidente se pondrá el traje oscuro para asistir a la fiesta que ofrecerá Bush a los mandatarios que visitan Nueva York. ¿Entrará Kirchner con smoking y moño, es decir, de pingüino, al Museo de Historia Natural, frente al Central Park, donde el anfitrión ofrecerá su gala? El tema era materia de deliberación en el círculo íntimo del mandatario, anoche, en la Casa Rosada. Importa poco: lo relevante es que ése será el único encuentro que tendrá con Bush quien no ofrecerá, como es de estilo, entrevistas individuales mientras sesione la Asamblea.
Habrá poco tiempo para que los Kirchner intercambien sus experiencias de esa tarde: a las 20.30 los esperan los Schröder, Gerhard y Doris, para comer a solas. Temas sobran para amenizar la charla. Desde las viejas molestias del canciller alemán con Eduardo Duhalde hasta la ola de irritación alemana por el default argentino, pasando por las perspectivas de negociación de la deuda pública y el conflicto por Siemmens, sobre el que Bielsa es un experto de alto nivel (le tocó intervenir en el contrato por la confección de DNI como Síndico General de la Nación durante la Presidencia De la Rúa, oportunidad en la que recomendó su rescisión).
Reuniones de cancilleres del Mercosur, ampliación de estos «meetings» a los representantes de la Unión Europea, encuentros entre éstos y las autoridades del Grupo de Río, nada será tan significativo en este viaje como el discurso de Kirchner, hacia el mediodía del jueves, ante la Asamblea General. Tendrá que apurar el paso Cristina, invitada esa mañana a un desayuno de primeras damas con la señora de Annan (a esa altura ya será Nane, a secas), que se extenderá con una visita guiada al Guggenheim. ¿Habrá una tesis argentina sobre el problema de la deuda en esa presentación de Kirchner? Todo depende del clima que se viva en Dubai, donde Roberto Lavagna ya habrá tenido su encuentro-choque con los tenedores de bonos. Será una tentación irrefrenable para Kirchner, dejar un mensaje a los acreedores a pocas cuadras de Wall Street. ¿Menciones a Malvinas? Sería inquietante ya que un rato más tarde hablará allí Tony Blair.
Al lado de este lanzamiento internacional que sueña el gobierno resulta pálida la agenda preparada por José Octavio Bordón. Por más que prevea un almuerzo en el Council of Foreign Relations, acaso el think tank más gravitante en la política exterior norteamericana, que lo tendrá al Presidente como único invitado. O la conferencia que dictará Kirchner en la New School University, con el heterodoxo Joseph Stiglitz como anfitrión. Sólo a un integrante de la comitiva oficial se le puede cruzar por la cabeza que existe un compromiso más importante que aquel de las Naciones Unidas: es Rafael Bielsa, quien recordará este viaje a Nueva York por su entrevista, difícil, casi clandestina, con Woody Allen, a quien piensa invitar a Buenos Aires, igual que Cristina a Hillary.
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