4 de febrero 2005 - 00:00

No culpemos sólo a lo más evidente

No culpemos sólo a lo más evidente
No es razonable culpar únicamente a los pobres números de Amazon (el papel, que se desplomó 16% en el afterhours del miércoles, cerró 1,6% por encima del valor de apertura) y al par de datos macro que se dieron a conocer en la víspera por 0,84% que perdió el NASDAQ, o 0,03% que bajó el Promedio Industrial al cerrar en 10.593,1 puntos. De hecho, lo peor del día se vio cerca de las 13 -cuando estos factores ya habían dejado de jugar en contra- y de ahí en más los precios intentaron una tímida recuperación, que se exacerbó en la última hora con el tradicional juego entre "vendidos y comprados". Lo curioso es que, como viene siendo casi una norma, la mayor parte de las noticias fue positiva: el petróleo retrocedió a u$s 46,28 por barril, el oro cayó a u$s 418,15 por onza, el dólar experimentó una nueva suba frente al euro (u$s 1,2964 y el yen (104,55), el número de balances con sorpresas positivas superó nuevamente al de las negativas (en el S&P 500 fue por 12 a 7, y sólo Starbucks es un nombre "popular"), la ligera suba en la tasa de medio (a 10 años quedó en 4,17%) "normalizó" ligeramente la curva de interés y, sin embargo, los tres grandes índices estuvieron todo el día del lado perdedor. Buscando siempre es posible encontrar alguna excusa con qué justificar la merma de las acciones. Pero, avanzando un poco más, es fácil ver que muchísimas veces éstas no tienen entidad como para justificar la pérdida de miles de millones de dólares en la economía del país. Así, tal vez, habría que ver qué implican a futuro los dichos del presidente Bush en su "estado de la Unión".

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