La de ayer prometía ser una jornada difícil. Y lo fue. Arrancando en baja, tras conocerse que el déficit comercial había roto todos las marcas, para las 11 de la mañana el Dow y el NASDAQ se desplomaban debajo de los peores cierres del año. A partir de ahí, lo que predominó fue una impresionante sensación de vacío en el que nadie se animaba a tomar ninguna posición. Esto fue hasta las 14, cuando la Fed dio a conocer las minutas de la última reunión del Comité Abierto. Poco importó que el lenguaje utilizado fuese tan arcano como siempre; ante la alternativa de quedarse con las palabras que hablaban de "preocupación por las presiones inflacionarias que obligarían a elevar el costo del dinero por períodos más prolongados", y la idea que "por el momento no haría falta acelerar la política de ajuste" (es decir, que no se recurriría a ajustes de 50 puntos básicos), los inversores parecieron quedarse únicamente con estas últimas. Así, en cuestión de segundos, volvió de lleno la actividad al mercado, apenas veinte minutos más tarde los tres principales indicadores bursátiles pasaban al lado ganador, y para cuando sonaba la campana de cierre el Promedio Industrial quedaba en 10.507,97 puntos, mostrando una mejora de 0,57%, en tanto el NASDAQ trepaba 0,67%. Como suele ocurrir con cualquier hecho relacionado con la Fed, el movimiento pegó primero en las tasas (que a diez años cerraron en baja a 4,36% anual, el mínimo en más de 30 días), lo que, a su vez, repercutió sobre los papeles más sensibles al costo del dinero (elevándolos), como fueron los financieros, las empresas de servicios públicos y las constructoras.
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