30 de enero 2001 - 00:00

No sería el último caso

Todo tipo de análisis y opiniones podrá provocar ahora el anuncio realizado por DaimlerChrysler menos uno: decir que no era previsible. Cuando el gigante alemán decidió tomar el control de la golpeada compañía norteamericana, en una absorción disfrazada de fusión, se presagiaba el desenlace conocido ayer. Las reglas de la economía aseguran que la superposición de funciones de dos estructuras monstruosas no puede sobrevivir en un mercado competitivo.

La única duda era saber cuándo.

En la Argentina esta decisión tomada a miles de kilómetros deja, por lo menos, un par de conclusiones.

El cierre de la fábrica de vehículos Chrysler de Córdoba no es una consecuencia de la baja de ventas internas
o la negativa del gobierno a reducir impuestos al sector, como intentó sugerir el ministro de Industria de esa provincia, Juan Schiaretti. Forma parte de una decisión global que, en lo local, no es más que la centralización de las operaciones en una sola planta, cerrando otra que ya en la práctica hacía meses que había dejado de operar para ser más competitivo.

La radicación de Chrysler en esa provincia para producir un único modelo de escasa demanda no fue más que otro error de una sucesión de errores a nivel mundial de la empresa norteamericana que tuvo que ser rescatada por el grupo alemán.

Para Schiaretti, esta decisión no puede sorprenderlo. Fue él, cuando era secretario de Industria del gobierno de Carlos Menem, quien dio las bases del régimen de «especialización». Es decir, fabricar uno o dos modelos a gran escala para lograr competitividad en costos y poder exportar. DaimlerChrysler no está haciendo otra cosa que seguir su receta, aunque al ahora funcionario de Córdoba sea quien sienta el sabor amarga de su propia medicina.

La otra conclusión, mucho más preocupante para la Argentina, es que este tipo de anuncio tal vez no sea el último.
La concentración a nivel mundial del sector automotor avanza rápidamente por alianzas, compras y fusiones.

 Acuerdos

El boom de ventas de los primeros años de los noventa, que llevó al mercado local de 90.000 autos anuales a más de 500.000 entre el '90 y el '94, atrajo inversiones y las principales marcas se radicaron en el país. Algunas de estas empresas hoy están llegando a acuerdos a nivel internacional, como el que se gestó entre Daimler-Benz y Chrysler y que en determinado momento se trasladará al mercado argentina. El Banco Mundial estimó -y los especialistas coinciden en que en pocos años quedarán sólo entre 5 y 6 grandes grupos automotrices. Por eso, los cierres de plantas inútiles y los despidos del personal excedente que generen esas fusiones serán moneda corriente aquí y en el mundo.

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