El cierre efectivo del estrecho de Ormuz, una de las principales rutas marítimas comerciales y por donde suele circular cerca de una cuarta parte del petróleo transportado por mar en el mundo, funcionó como una herramienta de coerción militar. Así, la medida estranguló una porción esencial de la oferta de crudo de la que dependen varias economías, principalmente asiáticas.
De esta forma, la consecuente suba del precio del crudo, que llevó al barril a máximos intradiarios cercanos a los u$s120, niveles que no se observaban desde la crisis desatada por la invasión rusa de Ucrania en junio de 2022, generó una fuerte disrupción en el mercado global, con ganadores y perdedores. Para la Argentina, el saldo fue claramente favorable.
Una producción récord abrió nuevos destinos para el crudo argentino
La combinación entre una producción récord, precios internacionales elevados y la necesidad de los compradores asiáticos de encontrar proveedores alternativos abrió una ventana excepcional para el petróleo de Vaca Muerta.
El país no sólo exportó más y obtuvo mayores ingresos, sino que también logró ampliar su presencia en mercados que hasta el año pasado tenían un peso marginal o directamente no figuraban entre los destinos del crudo nacional.
El crecimiento de la producción también permitió disponer de un volumen cada vez mayor para abastecer el mercado externo. Al mismo tiempo, las mejoras en la infraestructura de transporte comenzaron a ampliar las posibilidades de salida del petróleo neuquino y a mejorar la conexión de la Argentina con los mercados internacionales.
Federico Vaccarezza, especialista en comercio internacional y profesor de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral, explicó que la expansión de los oleoductos no solo fortaleció la conectividad con los países vecinos, sino que también mejoró la proyección de la economía argentina hacia el océano Pacífico.
El proceso de reflejó en la composición de la ventas externas
“Mirando la evolución de las exportaciones de crudo argentino durante los últimos ocho trimestres, lo que encuentro es que durante los primeros dos trimestres del año las exportaciones a Tailandia y China pasaron del 0% del total al 11,5% y al 7,5%, respectivamente. El crecimiento fue súbito”, señaló Vaccarezza.
La aparición de nuevos compradores, sin embargo, fue más amplia. Federico Bernini, especialista en comercio internacional, destacó que Tailandia y China se sumaron a Singapur, Malasia y Vietnam, cinco mercados que no habían recibido petróleo argentino durante el año pasado y que comenzaron a hacerlo en 2026.
Como ejemplo para poder dimensionar el cambio rotundo en los destinos del crudo local, durante el segundo trimestre de 2026, la Argentina le vendió a Tailandia una cantidad de petróleo equivalente a todo lo que había exportado al mundo en el mismo período de 2021.
A estos destinos se agregó Australia, que ya importaba crudo nacional, aunque en cantidades significativamente menores. También crecieron con fuerza los envíos hacia Uruguay y Brasil, dos mercados regionales que acompañaron la expansión general de las exportaciones.
El impacto de este grupo de compradores fue considerable. De acuerdo con el especialista, los países potencialmente afectados por el cierre del estrecho de Ormuz explicaron algo más de la mitad del crecimiento de las exportaciones argentinas de petróleo. Así, los envíos hacia mercados que no habían comprado crudo nacional el año anterior alcanzaron cerca de u$s900 millones.
De esta manera, la expansión de Vaca Muerta no sólo elevó la cantidad de petróleo disponible para exportar. También comenzó a modificar la geografía comercial del sector, con una presencia creciente en Asia y otros mercados que hasta hace pocos meses ocupaban un lugar secundario dentro de las ventas externas argentinas.
El cierre de Ormuz redirigió el petróleo hacia Asia
El bloqueo del estrecho convirtió el crecimiento productivo de Vaca Muerta en una oportunidad comercial inesperada. Antes de la guerra, por esa vía circulaban cerca de 20 millones de barriles diarios de crudo y derivados, equivalentes a alrededor del 20% del consumo mundial. La caída del tránsito a niveles mínimos obligó a las economías asiáticas, fuertemente dependientes del golfo Pérsico, a buscar proveedores alternativos.
“La causa de este crecimiento de nuestras exportaciones a estos destinos es 100% coyuntural. Al quedar bloqueado el estrecho, estas economías buscan diversificar sus proveedores y la situación puede ser aprovechada por la Argentina”, explicó Vaccarezza.
Para Bernini, el conflicto no creó la oferta argentina, que ya venía creciendo por el desarrollo de Vaca Muerta, pero sí modificó su destino. En este sentido, al tratarse de un commodity fácilmente sustituible, los barriles que probablemente se habrían dirigido a Chile o Estados Unidos fueron enviados a Asia, ante la posibilidad de obtener mejores precios.
La ventana, sin embargo, podría ser transitoria
Aunque el tránsito se recuperó parcialmente en junio, las exportaciones petroleras del Golfo todavía se mantenían por debajo de los niveles previos a la guerra y la nueva escalada volvió a poner en duda su normalización.
Si el estrecho de Ormuz recupera una circulación estable, Vaccarezza anticipó que las ventas argentinas a Asia podrían disminuir, mientras que Bernini señaló que la cercanía y los menores costos logísticos volverían a favorecer a los productores árabes.
Más allá de Ormuz, la oportunidad regional de Vaca Muerta
La eventual normalización del estrecho podría reducir los envíos hacia Asia, pero no alteraría la tendencia de fondo. Para Vaccarezza, el desafío consiste en diferenciar la oportunidad coyuntural generada por el conflicto del crecimiento estructural de las exportaciones argentinas de petróleo.
Por un lado, los precios internacionales explican en efecto una parte relevante del salto reciente. Según el especialista, entre el 40% y el 50% del valor exportado está asociado al encarecimiento del crudo provocado por la guerra. En este sentido, una resolución del conflicto podría generar una caída de entre 20% y 25% en el barril y reducir, en consecuencia, el superávit energético.
Sin embargo, Vaccarezza consideró poco probable que ese escenario se concrete durante 2026. Mientras persista la tensión, la Argentina continuará beneficiándose del mayor valor internacional del petróleo y de la demanda de compradores que buscan reducir su exposición al Golfo Pérsico.
La oportunidad más duradera se encuentra en América Latina
La expansión de la infraestructura, la cercanía geográfica y los menores costos logísticos posicionan al país para abastecer una proporción cada vez mayor de la demanda regional, incluso en mercados que anteriormente dependían del petróleo venezolano.
A este proceso se suma un activo menos visible. Para Bernini, la crisis permitió que los exportadores argentinos se mostraran como proveedores confiables, capaces de cumplir sus entregas desde una región alejada de los principales focos de conflicto.
Esa seguridad podría agregar valor al crudo nacional y facilitar acuerdos de largo plazo con compradores interesados en reducir el riesgo de interrupciones. De esta manera, aunque parte de los nuevos destinos asiáticos pueda perder peso con la reapertura del estrecho de Ormuz, la crisis dejó una oportunidad para consolidar a la Argentina como un proveedor estable en el mercado mundial de petróleo.