Como si se hubieran quebrado los diques, la velocidad del derrape de cotizaciones accionarias llevó las marcas a niveles inimaginables desde algunas ruedas antes. A tal magnitud, que se estuvo en la víspera orillando la centena del 1.400, cerca de perforarla, cuando se había ingresado a marzo superando el techo de los 1.600. Demasiado, en tan escaso lapso, y en la víspera concluyendo en 1.471 puntos de Merval -tras tocar apenas 1.419 de mínima- con 3,8% de descenso, sobre la ya fuerte caída del miércoles que había sido superior a 4 por ciento.
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Un momento de enormes turbulencias, aquí y afuera, que tomó a nuestra plaza caminando por las alturas y necesitada de más apoyo de demanda, pero que se encontró con lo inverso, agregando en últimas fechas que la oferta salió de sus casillas -nerviosa en extremo- y entregó papeles sin defender ningún piso mínimo. La orden: «vender».
Detrayendo certificados, de escasa presencia, el total en acciones fue de unos $ 140 millones efectivos y denotando un perfil de «corrida» que horadó precios hasta en seis y siete por ciento, en ciertos casos.
Levantar el duro nivel mínimo del día, para llevarlo cincuenta puntos más arriba -y aun así perder 3,8%- fue el mejor «logro» para un mercado que vio operadores preocupados y sin saber qué tono tendrá este remate semanal, tan tenso.
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