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El noventismo erró al pronosticar la espiralización inflacionaria, al creer que la política monetaria expansiva traería híper y fuga de capitales y no vio la fortísima reactivación de 2003. En respuesta, el oficialismo pretende atribuirse 100% del mérito de que 2003 sea el año con mejores indicadores macroeconómicos (en tasa de variación) desde el primer semestre de 1998.
La realidad despojada de preconceptos debe reconocer que esta coyuntura está basada en tres patas conjuntas: I) positivas herencias inerciales de los '90; II) el desarme, aunque desordenado, del acertijo económico déficit-deuda-competitividad de 2000-2001; y III) la increíble suerte internacional. Adicionalmente a un conjunto de problemas heredados que llevará tiempo arreglar, los '90 dejaron también una herencia positiva que no puede ser desconocida. Esta herencia fue paradójicamente subestimada por los propios noventistas que, a la hora de anticipar el caos, no percibieron que el país había cambiado; y sus gatillos de crisis, lo mismo. Hoy, por razones políticas, esta objetiva herencia positiva de los '90 es ignorada por el oficialismo.
Falta absoluta de inercia inflacionaria, un stock de reservas útiles para hacer política monetaria efectiva, empresas privatizadas que permitieron convivir dos años sin tarifazos, sin cortes de suministro, sin el tradicional reclamo salarial, un sector agrícola cosechando el boom tecnológico y las mejoras implementadas, una capacidad instalada en la industria que permite reactivar sin un peso de nueva inversión y un sistema bancario que no quebró a pesar de los embates a los que fue sometido son (por sólo mencionar algunas) herencias que, aun tras el colapso macroeconómico, están dando frutos.
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