22 de febrero 2008 - 00:00

País insólito: los aumentos superan en 200% la inflación

Hasta los más escépticos tal vez entenderán ahora por qué algunos se refieren al actual modelo económico como el "milagro argentino". No existen antecedentes (en el país seguro y probablemente tampoco en el mundo) en donde los empresarios acepten de buenas a primeras otorgar un aumento salarial que triplica a la inflación.

Mientras que el índice de precios subió sólo 8,5% en 2007, el aumento salarial que avala el gobierno implicará en la práctica una diferencia cercana a 200% respecto de la inflación. Es que el aumento del costo laboral en esta suerte de doble contabilidad será muy superior al incremento de salarios de 19,5% que se anunció el miércoles en la Casa Rosada. Los más optimistas sitúan ese incremento en 23% y la mayoría en no menos de 25%.

Ante semejante panorama, el gobierno deberá elegir una opción entre dos posibles: o se deja de defender lo indefendible, es
decir la inflación que divulga mensualmente el INDEC, o deja de despotricar contra los empresarios. En definitiva, nunca se vio que las empresas acepten (como lo hicieron los transportistas) aumentar los salarios tres veces más que la suba de los precios.

Se trata, claro, de una situación insólita, más bien ridícula. El discurso oficial insiste con defender un índice de inflación mentiroso. Pero en los hechos admite que el aumento de los precios al menos duplica la publicada. No tendría sentido, de lo contrario, avalar con un acto en la Casa Rosada una suba salarial superior en los hechos a 20%.

"Más aumentos, más despidos". La amenaza partió ayer de un presidente de una de las principales compañías argentinas, que definió así el impacto de enfrentar aumentos de salarios desproporcionados. La pérdida de rentabilidad, que ya ocurrió en casi todos los rubros durante 2007, se acentuará en 2008. Lo mismo ocurrirá -adelantan los principales referentes de la industria- con la ya vapuleada competitividad argentina.

Cabe preguntarse cuál es la utilidad de seguir manteniendo un índice de inflación que ya nadie tiene en cuenta. La manipulación alejó a los inversores y cerró el mercado financiero para el financiamiento. Ahora impide contar con un termómetro para que sindicalistas, empresarios y hasta el propio gobierno sepan dónde están parados para la discusión salarial. No se entiende semejante obstinación que sólo consigue aislar más al país.

Dejá tu comentario

Te puede interesar