¿Para esto son los superpoderes?
-
Supermercados liquidan televisores desde $199.000: cuáles son las mejores ofertas y cómo aprovecharlas
-
Advierten que el programa del Gobierno mutó hacia la inversa del "punto Anker": qué implica
LA JUSTICIA SOBRE TODO
El segundo "negocio" que volteó Kirchner fue el contrato por los Aeropuertos firmado por Duhalde, cinco días antes de dejar la presidencia, con el grupo Eurnekian. Lo hizo el 8 de octubre de 2003 por el Decreto 878 que derogaba el anterior firmado por Duhalde (1.227/03). También se trataba de un acuerdo Estadoparticulares, como el caso Greco.
El tercero fue voltear el arbitraje para decidir qué debía pagar el grupo Bulgheroni. Fue por el Decreto 966 del 27 de octubre e 2003, que derogada otro de Menem (el 2.021/ 96) que había sacado el litigio de los tribunales y lo había enviado a una comisión arbitral que debía decidir diferencias entre los Bulgheroni con la DGI y con la ex YPF. Con un decreto se hacía caer otro acuerdo Estadoparticulares, igual que el de Greco con el Estado, que se quedó afuera de la minuta que algún asesor le preparó Kirchner para cuando asumiera.
En los tres casos la administración Kirchner argumentó que por encima de esos acuerdos entre Estado y particulares estaba la jurisdicción de los tribunales, que tenía la potestad no sólo de tramitar esas diferencias sino que además debían revisar cualquier acuerdo alcanzado en las oficinas del Estado y fuera de los tribunales.
Fue un giro importante en la doctrina del Estado inspirado por juristas cercanos al gobierno Kirchner, entre ellos el fallecido Héctor Masnatta,autor del dictamen de la Corte Suprema de Justicia de 1974 en el célebre caso Sargo. En ese litigio se enfrentaban la entonces YPF con uno de sus proveedores por el resultado de un arbitraje. La Corte de entonces afirmó que esos arbitrajes debían ser revisados por la Justicia y que no tenían jerarquía superior a la de las leyes y sentencias judiciales. El caso Sargo lo reflotó la actual Corte Suprema cuando anuló un acuerdo arbitral en el caso Cartellone y tribunales inferiores lo han usado para fallar a favor de la primacía de los juzgados por sobre los tribunales arbitrales, por ejemplo, en el litigio que mantiene le empresa binacional Yacyretá con sus constructores.
COMO DECIDIR A QUIEN PAGAR
Mal informado -o a lo mejor demasiado bien informado- el gobierno Kirchner omitió en esa serie de decretos que voltearon acuerdos parajudiciales entre el Estado y particulares este reclamo del Grupo Greco, en donde hay un acuerdo desde 1987 que la Justicia manda pagar.
Seguramente que, con tres años de demora, es lo que hará Kirchner para sacarse de encima este escándalo. Un decreto podría, como en Meller, Aeropuertos o Bulgheroni, voltear el acuerdo de 1987 y poner de nuevo el cronómetro en cero. El nuevo juicio lo despacharían administraciones futuras más allá del optimista ciclo Kirchner. A diferencia de esos casos, que le sirvieron al Presidente como misiles a sus adversarios (Meller y Bulgheroni fue contra Menem; Aeropuertos contra Duhalde), ahora las víctimas serán de su propio gobierno. Puede paralizar su lapicera al firmar ese decreto el mirarse en el espejo; él firmó el pedido de bonos al Congreso para pagarles a los Greco, lo hizo en una carpeta que le acercarían ya con las firmas de Felisa Miceli, Carlos Zannini y Alberto Fernández. A tamaños linces de la política, ¿se les escaparían tres pagos por más de $ 500 millones pesos?
Tal desidia -o, en el peor de los casos, mala intención- pone la mirada sobre el fondo de este caso, que es como se asigna el gasto en la Argentina. Gobernar es gastar la plata de todos y en las ventanillas de la secretaría de Hacienda hay colas de acreedores de ayer, de hoy y de siempre que esperan que alguna vez les paguen. ¿Cómo elige el Estado a quién se le paga, cuándo y cómo? El caso Greco ofrece una prueba de que esos trámites se hacen lejos de la mirada no sólo de los otros poderes sino del mismo Poder Ejecutivo. ¿Cuántos Greco ha pagado el Estado sin que nadie se entere? ¿Es cierto que hay funcionarios que pueden decidir por las suyas sacar un expediente del fondo de la pila y ponerlo arriba para acelerar el pago? Las leyendas sobre esta discrecionalidad abundaron mucho cuando se instauró el «corralito» y algunos jueces daban amparos a particulares por reclamos del público de pagos como proveedores o por depósitos acorralados en bancos. En estos días se ha conocido el procesamiento de un ex funcionario de Economía de entonces en una causa vinculada al juez tucumano Felipe Terán, que fue destituido el año pasado por irregularidades en el trámite de esos amparos.
Los detalles escabrosos del caso Greco -toda la cúpula de Economía cruzándose reproches en una escalada que en cualquier momento va a fructificar en renuncias- hacen que el ciudadano de a pie se pregunte si los poderes extraordinarios que reclama el Poder Ejecutivo desde la década anterior y que el Congreso le extiende con tanta generosidad no son la cortina para encubrir estos actos del Ejecutivo con el dinero de todos. ¿Para esta generosidad con la plata ajena es para lo que quiere el Estado que sus funcionarios gocen de superpoderes que les permiten echar mano de partidas, autorizar pagos, aumentarse el presupuesto usando partidas votadas para otros destinos?
Si Kirchner, como parece ya fatal, va a firmar un decreto volteando -para salvarse él de los coletazos del affaire- el acuerdo Greco, debería pensar también, para que le crean su inocencia en el caso, en resignar él y su jefe de Gabinete a esas herramientas que quitan transparencia al gasto del Estado que son los superpoderes. El caso Greco demuestra que se terminó la era de la inocencia y que si el gobierno -éste o el que le siga- no elimina los mecanismos que le dieron origen, habrá no sólo este Greco sino muchos Greco más.


Dejá tu comentario