23 de abril 2008 - 00:00

Para no perder contra inflación, se gasta más y se ahorra menos

¿Existe algo peor que tener una alta inflación? Según la opinión de muchos analistas, sí. Y es que se piense que el incremento de precios en el futuro sea aún mayor que el que se experimenta actualmente. Las consecuencias de esta aceleración se traducen, principalmente, en un menor ahorro por parte de los consumidores y, de manera consecuente, en un mayor consumo.

La semana pasada dos universidades publicaron resultados de encuestas que realizaron que evidencian esta aceleración. Según los datos difundidos desde la Torcuato Di Tella, las expectativas de inflación treparon a 32,8% para los próximos 12 meses, mientras que la UCA publicó que nueve de cada 10 argentinos consideran que los precios «aumentaron mucho» en marzo.

«Al haber tasas de interés negativas, se desalienta el ahorro y se incentiva el consumo, tal como lo mostraron los datos del primer trimestre de las cuentas nacionales», explicó a este diario Ramiro Castiñeira, economista jefe de Econométrica.

María Castiglioni analiza la situación de manera similar. «Con expectativas de aceleración de la inflación, la gente decide aumentar el consumo en el corto plazo y se vuelca a la adquisición de bienes durables y autos», sostuvo. Sin embargo, agregó que «esto sucede hasta el momento en el que la situación de complica más, que no es lo que ocurre ahora, y se empieza a ahorrar por previsión». Frente a este escenario aparece la necesidad de deshacerse de los pesos lo más rápido posible, como si se tratara de hierro caliente, antes de que éstos pierdan valor. De esta manera, una de las funciones principales del dinero (la de reserva de valor) queda obsoleta, al no poder traspasarse consumo actual al futuro a través del ahorro.

En otros momentos de la historia lo más utilizado para resguardar el poder adquisitivo de los ahorros era refugiarse en el dólar. Pero ahora, frente al turbulento escenario internacional -con la continua depreciación de la divisa norteamericana- no existe consenso de que ésta represente la mejor opción.

«Es complicado encontrar alternativas para el ahorro porque la inflación fija un piso alto para el rendimiento de los plazos fijos, que llegan a lo sumo a 10% en términos nominales», indicó Castiglioni.

Una de las formas más cómodas de protección se da a través del endeudamiento, sobre todo si se lo hace a tasas fijas. De hecho, el financiamiento a través de las tarjetas de crédito y de préstamos personales crecieron en los últimos 12 meses en torno a 50% y alcanzaron (de manera conjunta) al 11 de abril $ 35.637 millones, monto que representa 37,3% del total de créditos al sector privado según cifras difundidas por el Banco Central.

En este sentido, Castiñeira explicó: «El modelo tiene su límite. El Banco Central no puede aumentar la tasa para no generar una bicicleta financiera para los inversores extranjeros».

Y lo peor no termina ahí. Lo que empieza como un mero temor a la suba de precios, una vez que erosiona el ahorro e incentiva el consumo se traduce a su vez en una nueva presión sobre los precios, lo que lleva a más inflación, algo conocido bajo el rótulo de profecía autocumplida. «La situación es como un bumerán», sintetizó Castiñeira.

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