Y conviene anteponer el «parece», porque de estrellas fugaces está saturado el ejercicio y se han visto movimientos fulminantes que así como arribaron, se diluyeron sin mucha explicación. Pero es interesante lo de ayer y en virtud de que se había llegado a mitad de semana con dos caminos que se bifurcaban, y quedaba por ver por cuál de ellos tomaría nuestro mercado. Un lunes preocupante y en achique, un martes donde reaparecían señales auspiciosas -en especial, por el monto de negocios- y el desafío planteado para la rueda de la víspera. Que, a la vista de los indicadores, adquirió un lucimiento que no se observaba desde antes de culminar el primer semestre.
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Quedará para cada escuela y analista aplicarle la motivación al repunte, comenzando seguramente por esa escalera de rendimientos regionales que mostraba claramente último -y distanciado- al Merval, de los demás. Lo concreto es que apareció una corriente compradora con el estilo del «barrido» de posiciones: y las barrieron...
Se asemejó mucho más a una rueda de abril, o mayo, antes que la realidad de los últimos meses. Y el volumen se llevó todas las medallas al alcanzar casi los $ 93 millones de efectivo! Esto le dio un segmento de 18% sobre totales del día, haciendo de las acciones la gran atracción. El Merval respondió al estímulo, llegando a un máximo de 1.765 puntos -impensados- y que coincidió nuevamente con el cierre de la fecha: prueba de desarrollo a toda máquina y sin detenerse, ni realizar baches. En el exterior, día de rutina, apenas alcista, y esto dejó al índice local todavía más rutilante con su 2,4% de mejora.
Un pase de velocidad salteando gradualismo, que puede generar alguna toma de utilidad profunda, pero una tímida señal de la semana anterior que ayer dejó ver mucho más. Y la Bolsa, cariñosa.
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