Washington - LaArgentina tomaría parte de alguna manera en la fuerza que estaría preparando Washington para responder al brutal ataque terrorista del martes último. Ambas cancillerías ya estarían discutiendo esa posibilidad. «Me parece un poco prematuro hablar de conformar fuerzas: primero hay que hacer la atribución; y luego, la retribución», dijo a este diario el embajador argentino en Washington, Guillermo González. El diplomático admitió haber hablado ayer con la Casa Blanca, pero declinó revelar los detalles de la conversación. González participó ayer de una misa organizada en una iglesia católica de las inmediaciones de Dupont Circle junto con colegas de países latinoamericanos y funcionarios del gobierno estadounidense vinculados a la región. En tanto, la ciudad y el país todo luchan por volver a la normalidad, con éxitos y fracasos. Ayer, por caso, el New Executive Building -vecino de la Casa Blanca, y donde tiene sus oficinas la mayor parte de los miembros del gabinete del presidente- debió nuevamente ser evacuado por una amenaza de bomba.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Como sucedió el martes, varios centenares de empleados y funcionarios públicos tuvieron que abandonar sus oficinas de manera apresurada, y si bien algunos permanecieron en las cercanías, la mayor parte de ellos optó por volverse para sus casas. Esta vez, y a pesar de que la policía cortó las calles 14, 15 y 16 y la Pennsylvania Avenue, el caos vehicular fue moderado. Si bien nuevamente se trató de una falsa alarma -como la que obligó a evacuar el Empire State Building en Nueva York el miércoles-, las fuerzas de seguridad la tomaron muy en serio. Incluso un miembro del FBI sugirió a un canal de televisión local que la amenaza tenía rasgos que la hacían verosímil. También el Pentágono debió ser evacuado, ante el hecho de que un avión no identificado se acercaba a su espacio aéreo. Según reflejaron los medios locales, el pánico ganó a buena parte de sus ocupantes. Finalmente, se trataba de una aeronave de la fuerza aérea que tenía el código-contraseña equivocado. En sentido inverso, ayer varios aeropuertos del país comenzaron muy moderadamente a retomar su actividad.
Es casi un secreto a voces, sin embargo, que la restricción que rigió hasta ayer tenía tanto que ver con cuestiones de seguridad como con el hecho de no facilitar la huida de posibles cómplices de los terroristas, tal como ya había sucedido en el primer atentado al WTC. El primer vuelo en despegar del Dulles International Airport -a 45 minutos del centro de la capital, y desde donde salió el avión que se estrellaría contra el Pentágono- fue uno de All Nippon Airways (ANA), que, con unos 200 pasajeros a bordo, partió con destino a Tokio. Los viajeros que embarcaron en el Boeing 747 debieron pasar controles que a los estadounidenses -al menos, hasta el martes- podían parecerles excesivos, pero que para argentinos, sudamericanos y europeos son casi de rutina. La gran mayoría de los pasajeros era de Japón, porque está claro que los estadounidenses limitarán sus viajes al exterior a lo estrictamente necesario.
En tanto, las oficinas y las líneas telefónicas de las compañías aéreas se vieron abarrotadas por gente varada en lugares de los que hubiera debido partir hace días. No todos tendrán la suerte de los del vuelo de ANA: United Airlines ya anunció que en lo que queda de la semana y durante todo el fin de semana volará a una «reducidísima frecuencia», lo que implica claramente cancelaciones y demoras. Por caso, los vuelos desde Miami a Buenos Aires no sólo están completos hasta el jueves de la semana que viene, sino también tienen cerradas sus listas de espera.
Hoy, en Estados Unidos, será un día de oración y de reflexión, a pedido del presidente Bush. Ayer, en muchas oficinas del centro de esta ciudad, fue el primer día de trabajo después de la tragedia. Fue el caso del Food Marketing Institute (el principal grupo de lobby de la industria alimentaria), cuyo presidente, Tim Hammonds, es uno de los hombres más cercanos a George W. Bush y fue uno de los mayores recaudadores de fondos para su campaña electoral. Hammonds reunió a todo el personal del FMI, relató su experiencia y escuchó las de sus empleados, muchos de los cuales (algunos sin poder reprimir las lágrimas) dijeron tener parientes entre los desaparecidos del Pentágono o del World Trade Center. «Es un hecho que el Pentágono debe ser reconstruido. ¿Si yo volvería a levantar las Torres Gemelas como un símbolo de que Estados Unidos está de pie? Sí, lo haría, porque es un símbolo, como usted dice. ¿Sabe por qué la Casa Blanca es de ese color? Porque una vez fuimos invadidos por los británicos, y la quemaron, y cuando se la reconstruyó, se la pintó de blanco para contrastar el negro que había quedado por el incendio y el hollín. Creo que el caso de las Torres Gemelas es similar, pero si se decide reconstruirlas, habrá que hacerlo tomando todas las medidas de seguridad necesarias.»
Dejá tu comentario