La ex Pescarmona cuadruplicó las pérdidas en el primer semestre

Economía

Por el impacto de la pandemia, declaró entre enero y junio de este año un rojo de $2.480 millones, contra los $600 millones del mismo lapso de 2019.

Mientras espera por encontrar comprador o recibir un auxilio del Estado, Impsa (ex Industrias Metalúrgicas Pescarmona) ve como la pandemia complica más su delicada situación financiera. Las pérdidas de la firma se multiplicaron por cuatro, según el último balance que presentó ante la CNV con los resultados del segundo trimestre: el rojo acumulado en el primer semestre de este año trepó a $2.480 millones, contra los $600 millones que había registrado en el mismo período de 2019.

El 65% del capital de la metalúrgica está en manos de un consorcio de bancos acreedores desde 2018, que tomó el control luego de un default y posterior reestructuración de una deuda estimada en u$s450 millones. El Banco Nación es el principal acreedor y lleva la voz cantante. La participación de la familia Pescarmona, que fundó la compañía en 1907, quedó reducida a un 35%.

Los nuevos controlantes habían dado mandato al banco de inversión Columbus Zuma (el mismo que fue designado para encontrar un socio estratégico a la cadena chilena Falabella en Argentina) para salir a buscar comprador por el 100% de la empresa.

Pero la irrupción de la pandemia complicó todos los planes. No sólo interrumpió el proceso de venta, sino también afectó profundamente la operatoria de la compañía, que se tradujo en un fuerte incremento de sus pérdidas. Ya en el primer trimestre, declaró un resultado negativo de $1.010 millones, cifra que resaltó contra las pérdidas de $210 millones que había tenido en el mismo período de 2019.

Ahora, de un trimestre con impacto limitado por la cuarentena pasó a otro con pleno impacto y eso se reflejó en un aumento acelerado de las pérdidas.

Impsa es una empresa considerada “estratégica” para el Estado, ya que se dedica a desarrollos de proyectos de generación de energía hidráulica, eólica y nuclear. Tanto en el país como en el exterior. Por eso, fue mencionada como un caso similar a Vicentin, con la banca pública como principal acreedor y el interés gubernamental por evitar que el control quedara en manos de extranjeros. De todos modos, una diferencia es que en Impsa hay interés de sus dueños actuales en contar con el auxilio estatal, al menos hasta que se concrete el ingreso de un comprador.

En cuanto a la pandemia, el impacto sobre la ex Pescarmona fue severo, pese a que su actividad es considerada esencial y que, al menos en teoría, no estaba alcanzada por las restricciones. Pero, de hecho, sufrió consecuencias peores a las esperadas, que le impidieron atender con normalidad sus contratos en el país y en el exterior: restricciones para operar en su planta de Mendoza, problemas para traslados de personal dentro del país, dificultades en transporte de insumos, proveedores y contratistas con actividad limitada, interrupción en el flujo de suministros del exterior, entre otros.

En el reporte que envió a la CNV, Impsa afirmó: “ Las situaciones mencionadas indican la existencia de una incertidumbre significativa que puede generar duda sobre las operaciones y el funcionamiento de la empresa”. Y agregó: “En función al cumplimiento de las premisas de los flujos de fondos de los proyectos en ejecución, se podrá recomponer las pérdidas acumuladas al 30 de junio de 2020, recuperar el valor de sus activos fijos y continuar desarrollando normalmente las actividades de su objeto social”.

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