Perón libreempresista
Este fue un discurso de Juan Perón en su tercera presidencia. Lo pronunció el 4 de octubre de 1973 en la sesión final en la Asamblea Nacional de Entidades Empresarias organizada por la Confederación General Económica.
Aquí reniega de su otrora estatismo, se queja del déficit de las empresas del Estado, se muestra privatista pidiendo al empresariado que tome las muchas empresas del Estado. En realidad, Perón ya había girado su estatismo a fines de 1951 y se mantuvo en la libre empresa y la economía abierta al exterior hasta su fallecimiento.Aquí también Perón desalienta a izquierdas violentas que se habían pegado al peronismo en los '70 y quería, más que un «estatismo» directamente solo el Estado, en una dictadura del proletariado manejando toda la economía de un país.
Veamos párrafos salientes.
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El Perón libreempresista que asumió en 1973. Pedía que la actividad privada asumiera el control de las deficitarias e inmanejables empresas públicas en manos del Estado.
Yo pienso que la revolución de que muchas veces hablan tiene una sola ejecutoria que ha de ser constructiva: debemos evolucionar. Pero esa evolución no se realiza quebrando ni rompiendo sistemas, sino cambiando estructuras en la medida en que así lo exija la necesidad.
Yo pienso también que el trabajo que podemos realizar en conjunto las organizaciones empresariales, las organizaciones gremiales de los trabajadores y el gobierno, a través de una legislación apropiada, sancionada por el Congreso de la Nación, es lo único que puede consolidar las reformas para hacerlas definitivas y posibilitar su duración en el tiempo y en el espacio.
Finalmente, señores, sería injusto de mi parte si no agradeciera con profundo sentimiento de argentino la tarea que se ha efectuado ya en el Ministerio de Economía, como, asimismo, el esfuerzo y el sacrificio que han realizado los agentes que, en nombre de la Confederación General Económica y de la Confederación General del Trabajo, se desempeñan en él. Y sobre todo quiero hacer presente mi emocionado reconocimiento a los señores empresarios que, quizá quitándoles tiempo a sus propias necesidades, anhelan comprometerse con la administración y dirección de las empresas estatales, que hasta ahora no nos han dado más que dolores de cabeza. Es en manos diestras que esas empresas podrán disminuir su déficit, y Dios quiera que algún día puedan, por lo menos, no producir déficit. Si los señores empresarios las toman en sus manos, la República tendrá que agradecérselo, porque son demasiadas las empresas estatales y demasiado grande el déficit que producen como para que el país no deba agradecer la habilidad, la buena intención y, a veces, el esfuerzo y aun el sacrificio de los que, abandonando quizá sus propias funciones, se dedican a las que corresponden a la Nación, que, como también se puede afirmar, son las que corresponden a toda la República.




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