23 de julio 2007 - 00:00

Persiste la política oficial para el traslado de precios tras elecciones

Cada vez se van acumulando más definiciones para después del 28 de octubre. Ya es sabido que el gobierno optó por transparentar el INDEC con llamados a concurso para el personal y una nueva metodología para medir los precios. Pero ello será tras las elecciones. Trascendió que esta misma estrategia se utilizará para autorizar subas en las cuotas de la medicina prepaga y colegios privados. Las tarifas de electricidad y gas se sumarían también a este paquete a descongelar. Gradualmente, en una eventual presidencia de Cristina Fernández, también se autorizarían los aumentos en el transporte de pasajeros de corta distancia. La política de «subsidio total» encarada por el gobierno empieza a resquebrajarse por los fuertes atrasos de precios ya acumulados y por la escasez de fondos que se empieza a verificar en las cuentas públicas para seguir repartiéndolos. Así, los días entre los comicios presidenciales y esa eventual asunción de Cristina Fernández serían abundantes en anticipos económicos. Todo para que la actual primera dama quede al margen de anuncios con impacto negativo en la sociedad, como si fuera totalmente ajena a la actual gestión. ¿Medirá para entonces un nuevo INDEC los aumentos reales que verifiquen los precios? Difícil de creer hoy que ello suceda.

Todo indica que la economía llega a toda máquina para las elecciones de octubre, gracias a una demanda doméstica que se acelera sobreestimulada por un dólar alto y una tasa de interés real negativa. Al cóctel se le suma una masa salarial que aumenta más de 20% anual y un gasto público que lo hace casi a un ritmo de 45%.

Por eso, más allá del impactode la crisis energética, resulta difícil convalidar que la inflación se ubique por debajo de 9% anual, como informa el INDEC.

Los sondeos privados recogen en la actualidad variaciones de precios minoristas, tanto en sectores con acuerdos y controles como en aquellos exentos, del orden de 20% a 25% interanual. Lo que un año atrás costaba $ 100 ahora hay que pagarlo $ 125. Menudo trabajo tendrá el sucesor de Néstor Kirchner en reconstruir la credibilidad del INDEC.

  • Desafíos

  • A la titánica tarea de reencauzar el desequilibrio energético, el gobierno tras el test electoral de octubre enfrenta una serie de desafíos, muchos de los cuales convergen en nuevos aumentos de precios. En algunos casos puede tratarse de un sinceramiento, como en los servicios públicos; en otros de cierto reacomodamiento, como en varios sectores de bienes de consumo, y a ello se suma la necesidad de acompañar las presiones de costos y de salarios.

    Unos pueden hablar de inflación reprimida y otros de ajustes de precios relativos. Pero lo cierto es que ya varios sectores se encaminan a implementar ajustes pasadas las elecciones presidenciales.

    Es lógico que, desde el puntode vista político y del sentidode supervivencia frente a Kirchner, ningún sector amenace la contención inflacionaria que plantea el gobierno. Recurrirán a mesas de diálogo, de consenso, de negociación,o como quieran bautizarlas.Tendrán como horizonte preparar el terreno para aplicar aumentos.

    No se trata ya del tradicional «trabajo sucio» que muchos analistas especulan que hará el presidente Kirchner para allanarle el camino a su esposa candidata, sino de reconocer que el próximo gobierno no dispondrá de la luna de miel de todo inicio de gestión.

    Las tarifas de luz, de gas, de teléfono, hasta los pasajes de transporte serían parte del menú del próximo ajuste.
    El mismo no tendría como objetivo mejorar rentabilidades y viabilizar inversiones, sino más bien compensar el esfuerzo de los subsidios.

    Pero los bolsillos de los asalariados y consumidores, sobre todo en el espectro de la clase media, no sólo sufrirán por el encarecimiento de los servicios públicos sino también por la embestida de los aumentos, principalmente de los costos de la salud ( prepagas y medicamentos) y de la educación (colegios). Estos ajustes se sumarán al de los alquileres, expensas, mantenimiento de automotores y del hogar, seguros (personales y de bienes), esparcimiento (clubes, hospedaje), y de los servicios personales. Ni mencionar el creciente costo de la indumentaria y el de la real canasta alimentaria.

    En el caso de la salud, el sector prestador ya esbozó que para enero de 2008 surge la necesidad de incrementar las cuotas más de 20% promedio. Desde el punto de vista de los objetivos inflacionarios del gobierno, semejante aumento no parece inquietarlo. Claro, si 90% de los afiliados a las prepagas optó por mantener sus planes de salud, convalidando el mayor gasto y no quedar sujetos a los copagos. Para la medición del INDEC no hay inflación en el rubro salud porque releva los precios de estos planes con copagos, que sólo escogió 10% de los afiliados. En este rubro también se observa cierta inercia inflacionaria en los medicamentos.

    Por su parte, las cuotas de los colegios esperan trepar otro escalón de dos dígitos, quizás anticipando ajustes en los salarios docentes, pero siempre bajo el argumento de la presión salarial. La metodología pasaría por implementar más cuotas recupero distribuidas en el año escolar. Pero los padres se desayunarán de las nuevas cuotas con las matrículas de noviembre y diciembre.

    Los ingresos de los trabajadores estarán expuestos además a los reajustes de las pólizas de los seguros de autos, de casas y personales. También al creciente incremento del costo de mantenimiento de los vehículos (reparaciones y autopartes), y de la vivienda, más allá de las mayores expensas fruto de la paritaria sectorial y otros consumos comunes. Cuotas de clubes y gasto en esparcimiento seguirán el tren inflacionario.

    Frente a este panorama es fácil imaginar el voltaje de las paritarias de 2008, por más que el gobierno y los sindicatos amigos pacten pautas salariales al estilo INDEC.

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