El directorio del FMI aconsejó al gobierno argentino que «desmantele lo antes posible» los controles de precios para bajar la inflación. Según el organismo, el mantenimiento de este esquema «afectará el clima de negocios» y «acentuará el problema de capacidad en algunos sectores clave».
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Aunque contiene elogios sobre la marcha de la economía y la mejora de los indicadores sociales, el organismo no se privó de desempolvar sus recetas tradicionales: pidió moderación en el gasto público, tanto a nivel nacional como provincial, aumentar las tasas de interés, mayor flexibilidad para el tipo de cambio y avanzar en la reapertura del canje de la deuda.
Así consta en el informe distribuido ayer por el Fondo a través de su sitio Web, en el que se resume el trabajo efectuado por los técnicos del organismo sobre la situación argentina, de acuerdo con lo que ordena el Artículo IV de la Carta Orgánica de la entidad. Pero también se describen los comentarios del directorio de la institución sobre la situación del país, que terminan siendo mucho más duros que lo manifestado por el staff del organismo.
Redactora
Aunque no se aclara, el informe que dio a conocer públicamente el Fondo lo redactó la «dama de hierro» Anne Krueger, subdirectora gerente del Fondo, que presidió la reunión del directorio a fines de julio y está a punto de dejar el organismo. «Con Krueger dirigiendo la sesión, la tendencia terminó siendo más dura para la Argentina que el contenido objetivo del informe», se quejaron ayer desde el Ministerio de Economía. Se asegura que la funcionaria tiene una enemistad manifiesta con la Argentina y fue una de las que primero le quitó el apoyo al país en 2001.
El informe -que el FMI efectúa para todos los países miembro una vez al año- no es vinculante para la Argentina, sobre todo debido a que no existe un acuerdo vigente. Además, el país ya no es deudor del organismo desde que la canceló en su totalidad en enero pasado.
Puntos principales
A continuación, los aspectos más importantes de la discusión del directorio del FMI sobre la economía argentina que se divulgó ayer:
La actual inflación es consecuencia del crecimiento de la demanda agregada que no tuvo una respuesta lo suficientemente rápida de la oferta, más que a un reacomodamiento de precios relativos.
La economía argentina debe ir hacia un aterrizaje suave para mantener un crecimiento sostenido. Ello requerirá la utilización de distintos instrumentos de política económica, como también reformas que promuevan la inversión y la oferta, especialmente en aquellos sectores que presentan «cuellos de botella» para continuar su expansión.
El ajuste fiscal poscrisis no tiene precedentes en la historia argentina. Sin embargo, se produjo una erosión en el nivel de ahorro público que requerirá un ajuste del gasto y llevar a terreno positivo a las tasas de interés en términos reales. Además se requerirá una mayor flexibilidad para el tipo de cambio.
La adopción de medidas estructurales para aumentar la competitividad y la inversión (especialmente en las industrias reguladas) siguen siendo claves para sostener un fuerte crecimiento.
El gobierno debería considerar la búsqueda de alternativas para el impuesto al cheque y las retenciones, revisar el funcionamiento del régimen de Responsabilidad Fiscal.
También debería permitir el ajuste de precios en el sector de servicios públicos y energía, lo que permitiría reducir los subsidios cruzados que se registran.
Las autoridades deberían buscar una solución consensuada para la deuda en default tanto con bonistas privados como con acreedores oficiales, porque va en el propio interés del país.
Se consiguió un significativo progreso al estabilizar la economía, conseguir una rápida recuperación, eliminar las cuasimonedas, mejorar la recolección de impuestos e implementar una estrategia de recuperación del sector bancario.
Después de tres años de crecimiento a 9%, el PBI real sobrepasó el nivel máximo de 1998 en 6%, liderado por la fuerte inversión y el consumo.
La economía se benefició por los favorables términos del intercambio, una significativa reducción del peso de la deuda tras la reestructuración de 2005 y una moneda competitiva.